28 de octubre de 2013
Perversiones del lenguaje
Las cosas no son nombradas al azar. El idioma castellano, o español, en sus múltiples variantes y riquezas, tiene expresiones para definir certeramente casi cada aspecto de las circunstancias. Los que a diario nos manejamos en esta lengua, y disfrutamos leyendo y escribiendo en ella, sabemos de las posibilidades de la misma, y también de su fácil perversión.
Por ir sobre un tema muy nuestro: la palabra "tonto" en concepto de acepciones y sinónimos, es también sustituible por imbécil, bobo, estúpido, idiota, majadero, memo, mentecato, necio, corto, tardo, torpe, retrasado, tarado, subnormal, demente o desequilibrado.
Es decir, cuando nos referimos a un hijo de puta, no queremos soler decir un idiota, por ejemplo. Un idiota lo es en toda su grandilocuencia, no se esconde, y pregona su idiotez a los cuatro vientos, en redes sociales o en público si es necesario. Sus opiniones son propias de un idiota, de la falta de cultura y de preparación, de ausencia de lucidez. Probablemente sus padres hayan sido también unos idiotas, y lo llevan en la estirpe familiar con orgullo y sin prejuicio. Pero el hijo de puta suele ser mala hierba, alguien que actúa a sabiendas, que busca su propio beneficio normalmente en la ruina de los demás, o a costa de ella.
Para que lo vean más claro. Cuando Jose María Aznar gobernaba, subidos todos, entusiastas y álgidos, al pelotazo del ladrillo y al eufórico eslogan de 'España va bien', aprovechó para privatizar Endesa, empresa que a su vez le devolvería favor en un puesto simbólico con un sueldo de 200.00 euros. Desde entonces, el recibo de la luz ha subido un 80%, coincidiendo con la entrada de Aznar en la lista del New York Times como uno de los mayores evasores de impuestos.
Es decir, el dinero que un gran número de españoles apoquinan para pagar la luz va destinado al sueldo de Aznar, cuyas riquezas salen directamente a Suiza. Dicho de otro modo, un robo muy refinado que hace que un reguero de dinero abandone constantemente el país en dirección al paraíso alpino. A pesar de que no destaca por su brillantez intelectual, nos encontramos ante un claro caso de un hijo puta de libro. Entonces, ¿por qué lo llaman crisis?
Zapatero hizo lo imposible por no nombrarla, hablando de "desaceleración económica" pero ahora su uso está felizmente implantado, e interesa que siga así.
La palabra crisis nos evoca a algo de lo que todos formamos parte pero que se escapa también a nuestro control. Uno se imagina un Titanic chocando contra un iceberg, y desatándose una situación de crisis a bordo. Por lo tanto, elementos naturales que no controlamos, unidos a un pequeño factor humano. Una crisis cardiaca, por ejemplo. Algo que viene, no se sabe de dónde, y nos golpea de forma sorpresiva. De esa manera, parece que no hay responsabilidades, que nadie ha intercedido directamente para que eso ocurra y que las consecuencias las asumimos todos a partes iguales.
Pero en el año 2012, con el país inmerso en un desmantelamiento del estado de bienestar, el PP, que gobierna España para desgracia de sus ciudadanos, dedicado a cargarse la Sanidad para repartirla entre los amiguetes, multiplicó por cuatro sus beneficios con respecto al año anterior. A su vez, el Banco Santander tiene un 29% más de beneficios. Mientras, diversas ONGs alertan de que hay un 25% de niños que sufren malnutrición en España. ¿Por qué lo siguen llamando crisis?
La barrera entre los ricos y los pobres es cada vez mayor. Es decir, el viejo dicho de los pobres son más pobres y los ricos más ricos, lejos de ser un cliché, en España es rigurosa y trágicamente cierto, hasta el punto de que los millonarios han crecido un 13%, mientras millones de familias viven con lo básico. Las grandes empresas despuntan en beneficios y se multiplica el número de deshaucios. ¿Por qué se empeñan en seguir llamándolo crisis?
Los curas siguen viviendo como tales y en TVE ya se puede disfrutar de corridas de toros, mientras en la Comunidad de Madrid las mamografías preventivas pasan a ser de pago y en todo el territorio los dependientes se quedan sin ayudas para subsistir con dignidad. ¿Por qué cojones entonces promulgan en llamarlo crisis? Cuando se trata de una tomadura de pelo a las bravas, la imposición de un modelo social e ideológico.
Cuando a la emigración de jóvenes y no tan jóvenes al extranjero para buscarse la vida y huir de la misera la ministra, en una formidable pirueta semántica, lo llama "movilidad exterior", lo hace precisamente por esa facilidad de pervertir el lenguaje. Emigrar suena muy feo, nos recuerda a las imágenes de nuestros abuelos con un atillo y sucias ropas atravesando los pirineos o poniendo rumbo a América. Por eso es mejor llamarlo movilidad exterior. Por eso no quieren decir desvergüenza, estafa, robo. Prefieren llamarlo crisis.
Pero, detrás de todo eso, hay una realidad terrible. Se trata de un robo lento pero descarado, dirigido a que una pequeña parte de élites económicas se lo lleven crudo. El que mejor lo definió fue Warren Buffet, uno de los mayores inversionistas en el mundo y un villano honesto: "Claro que existe la lucha de clases. Y la estamos ganando".
4 de octubre de 2013
El ala izquierda
Son idiotas. Son caraduras. Viven prolongadamente del cuento subidos al carro de la política, donde cogen y medran. Dicen representar las ideas de izquierda pero sólo atienden a su bolsillo y a la demagogia de lo que les reporte más beneficios.
Si con los de derechas ya sabes a lo que te expones, son lo que son y nadie espera otra cosa, es aún más sangrante la corrupción y la desfachatez en quien se supone debería verla por los derechos y principios, conceptos como libertad y justicia.
Forman parte de la casta política que nos exprime por su propio bienestar, y son los responsables de que en este país no haya una oposición seria, una verdadera izquierda donde votarlos a ellos, si se considera oportuno, fuera compatible con las palabras dignidad y vergüenza.
Manuel Chaves
Fue terrateniente de Andalucía durante 20 años, dejando a la región con unos índices de paro y de analfabetismo más propios del tercer mundo.
Hizo de la prevaricación y el tráfico de influencias una normalidad. Después del 'Caso Matsa', ha sido imputado por el caso de los ERE en Andalucía. Dejó en el cargo a Griñán, también imputado, y éste a su vez a Susana Díaz. Es decir, que lo de Presidente de la Junta es hereditario, como las monarquías.
Alfredo Pérez Rubalcaba
Lleva tantos años en política que ni los más viejos del lugar lo recuerdan haciendo otra cosa. Ya estuvo con Felipe González y los escándalos, y tuvo una desafortunada presencia en el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Alguien competente hubiera tumbado al Gobierno del PP por el 'Caso Bárcenas', pero aplica bastante bien el dicho de 'Cuando las barbas de tu vecino veas cortar...'. Se sospecha su implicación en el 'caso Faisán'. Es un perro viejo, y sus maneras no siempre son las más limpias.
Toxo Y Méndez
Fácilmente reconocibles porque son ese par de payasos que se pueden ver a la cabeza de las manifestaciones sindicales. Viven del cuento más absoluto, y montan la gorda o callan según les hayan untado. Junto a ellos, muchos liberados que no dan palo al agua con el rollo sindical, desvirtuando la buena labor de los necesarios sindicalistas de base.
UGT y CCOO en sus tentáculos en Andalucía tienen sus propios chiringuitos montados en eso de meter mano a botes.
Sánchez Gordillo
Personajillo andaluz que se ha creído realmente su rol de bandolero moderno, y va por ahí con un pañuelo palestino y una foto del Che en su despacho. Demagogo oportunista, fue sonada noticia por los asaltos a los supermercados. Hace poco se fotografió con una bandera de apoyo a presos etarras. No está demostrado que sepa sumar y restar sin calculadora.
Bibiana Aido
Ahora mismo trabaja en ONU Mujeres, pero tuvo un papel destacado como Ministra de Igualdad, ministerio sacado de la manga. Fue durante un tiempo bandera del movimiento feminista radical, ese ridículo esperpento que proponía cosas descabelladas y sólo demostraban su fanatismo y su estupidez. Carente de conocimientos gramaticales y lingüísticos, dejó para los anales de la historia aquello de las "miembras".
Arnaldo Otegui
Bajo ningún concepto debería estar incluido aquí, pero ellos se llaman así mismos Izquierda Aberztale, cuando en realidad su ideario está más próximo al fascismo. Rama política de la banda terrorista, defienden el racismo étnico, utilizan la exaltación de símbolos y enseñas 'nacionales' e intentan imponer un cerrojo retrógrado sobre la sociedad vasca.
Otegui perteneció a ETA, por lo que suponemos que su madre es puta.
Cayo Lara
Coordinador General de IU, no hay mucho que decir de él. Sus niveles de carisma están por debajo de cero. Sólo óiganlo hablar. Con eso es suficiente.
Vicente Álvarez Areces
A éste le tengo especial cariño porque fue Presidente del Principado de Asturias. Dijo aquello que lo de los jóvenes marchándose de la tierrina a buscar trabajo era una leyenda urbana. Grandón como él solo, hizo obras faraónicas que ahora están ahí, muertas de risa. Ejemplos son el Superpuerto de Gijón o el Centro Niemeyer.
Le gustan mucho las espichas con pinchos de tortilla, pero al final hizo su propio leyenda urbana y se marchó a Madrid con un puestín de senador.
Rodríguez Zapatero
Está retirado de la política, pero merece un puesto de honor en esta recopilación. Probablemente el presidente más tonto que habitó la Moncloa.
Hizo de causas justas y reformas necesarias una barraca de feria, dando argumentos y alas a la España de la caverna. Provocaba bastante bochorno verlo hablar, y negó la crisis hasta el final. Tuvo que adelantar las elecciones, y se fue, junto con otros ilustres como Pepe Blanco, escribiendo una de las páginas más nefastas en la historia de la política nacional.
Afirmar alguna de estas cosas pueden hacerte ganar la etiqueta de "facha". Pero no te dejes engañar, criticar los desmanes y la estupidez, venga de donde venga, es de sentido común y de lucidez. El resto es ser partidista y sectario, que en España se estila mucho.
Si con los de derechas ya sabes a lo que te expones, son lo que son y nadie espera otra cosa, es aún más sangrante la corrupción y la desfachatez en quien se supone debería verla por los derechos y principios, conceptos como libertad y justicia.
Forman parte de la casta política que nos exprime por su propio bienestar, y son los responsables de que en este país no haya una oposición seria, una verdadera izquierda donde votarlos a ellos, si se considera oportuno, fuera compatible con las palabras dignidad y vergüenza.
Manuel Chaves
Fue terrateniente de Andalucía durante 20 años, dejando a la región con unos índices de paro y de analfabetismo más propios del tercer mundo.
Hizo de la prevaricación y el tráfico de influencias una normalidad. Después del 'Caso Matsa', ha sido imputado por el caso de los ERE en Andalucía. Dejó en el cargo a Griñán, también imputado, y éste a su vez a Susana Díaz. Es decir, que lo de Presidente de la Junta es hereditario, como las monarquías.
Alfredo Pérez Rubalcaba
Lleva tantos años en política que ni los más viejos del lugar lo recuerdan haciendo otra cosa. Ya estuvo con Felipe González y los escándalos, y tuvo una desafortunada presencia en el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Alguien competente hubiera tumbado al Gobierno del PP por el 'Caso Bárcenas', pero aplica bastante bien el dicho de 'Cuando las barbas de tu vecino veas cortar...'. Se sospecha su implicación en el 'caso Faisán'. Es un perro viejo, y sus maneras no siempre son las más limpias.
Toxo Y Méndez
Fácilmente reconocibles porque son ese par de payasos que se pueden ver a la cabeza de las manifestaciones sindicales. Viven del cuento más absoluto, y montan la gorda o callan según les hayan untado. Junto a ellos, muchos liberados que no dan palo al agua con el rollo sindical, desvirtuando la buena labor de los necesarios sindicalistas de base.
UGT y CCOO en sus tentáculos en Andalucía tienen sus propios chiringuitos montados en eso de meter mano a botes.
Sánchez Gordillo
Personajillo andaluz que se ha creído realmente su rol de bandolero moderno, y va por ahí con un pañuelo palestino y una foto del Che en su despacho. Demagogo oportunista, fue sonada noticia por los asaltos a los supermercados. Hace poco se fotografió con una bandera de apoyo a presos etarras. No está demostrado que sepa sumar y restar sin calculadora.
Bibiana Aido
Ahora mismo trabaja en ONU Mujeres, pero tuvo un papel destacado como Ministra de Igualdad, ministerio sacado de la manga. Fue durante un tiempo bandera del movimiento feminista radical, ese ridículo esperpento que proponía cosas descabelladas y sólo demostraban su fanatismo y su estupidez. Carente de conocimientos gramaticales y lingüísticos, dejó para los anales de la historia aquello de las "miembras".
Arnaldo Otegui
Bajo ningún concepto debería estar incluido aquí, pero ellos se llaman así mismos Izquierda Aberztale, cuando en realidad su ideario está más próximo al fascismo. Rama política de la banda terrorista, defienden el racismo étnico, utilizan la exaltación de símbolos y enseñas 'nacionales' e intentan imponer un cerrojo retrógrado sobre la sociedad vasca.
Otegui perteneció a ETA, por lo que suponemos que su madre es puta.
Cayo Lara
Coordinador General de IU, no hay mucho que decir de él. Sus niveles de carisma están por debajo de cero. Sólo óiganlo hablar. Con eso es suficiente.
Vicente Álvarez Areces
A éste le tengo especial cariño porque fue Presidente del Principado de Asturias. Dijo aquello que lo de los jóvenes marchándose de la tierrina a buscar trabajo era una leyenda urbana. Grandón como él solo, hizo obras faraónicas que ahora están ahí, muertas de risa. Ejemplos son el Superpuerto de Gijón o el Centro Niemeyer.
Le gustan mucho las espichas con pinchos de tortilla, pero al final hizo su propio leyenda urbana y se marchó a Madrid con un puestín de senador.
Rodríguez Zapatero
Está retirado de la política, pero merece un puesto de honor en esta recopilación. Probablemente el presidente más tonto que habitó la Moncloa.
Hizo de causas justas y reformas necesarias una barraca de feria, dando argumentos y alas a la España de la caverna. Provocaba bastante bochorno verlo hablar, y negó la crisis hasta el final. Tuvo que adelantar las elecciones, y se fue, junto con otros ilustres como Pepe Blanco, escribiendo una de las páginas más nefastas en la historia de la política nacional.
Afirmar alguna de estas cosas pueden hacerte ganar la etiqueta de "facha". Pero no te dejes engañar, criticar los desmanes y la estupidez, venga de donde venga, es de sentido común y de lucidez. El resto es ser partidista y sectario, que en España se estila mucho.
23 de agosto de 2013
Los menos espabilados
En una época en que proliferan los gustos y aficiones para
todo público, y cualquier idiotez o disparate anhela el reconocimiento oficial
por parte del Estado y de la sociedad, hay algunos meritorios ejemplos de sectores
que ahí siguen, enrocados y combativos, bien preparados para disputarle al
sentido común y al progreso su lugar natural.
Con todas sus limitaciones, vivimos en una sociedad abierta. Al menos más de los que lo era no hace demasiadas décadas. Es decir, hoy las personas se buscan la vida lo mejor que pueden con talento y posibilidades, la mujer está integrada en el mundo laboral, y allí hombres y mujeres se relacionan constantemente. El cuidado de los hijos ya no es un territorio exclusivamente femenino, y está bien visto que un Manolo o un Paco sepa cambiar pañales e ir a dejar al retoño a la puerta de la guardería.
Todos asumimos eso como algo normal, como el lógico avance de los tiempos. Se mira hacia adelante, las ideas machistas están denostadas (aunque su lugar lo ocupa, peligrosamente, un feminismo militante y radical al que se le da demasiadas alas) y, aunque mantienen su peso gracias a estar cerca de los miembros viriles del poder, ya nadie con dos dedos de frente toma demasiado en serio los dislates de monseñor Rouco y su corte de correligionarios bien cebados.
España, mal que pese a algunos, ha dejado atrás la oscuridad de aquel país de rancia sacristía, y sólo sobreviven gracias a las escandalosas subvenciones oficiales, al control de algunos medios de comunicación y a la complicidad de ciertos gobernantes irresponsables, a los que aún les gotea la peseta agua salada al verse a sí mismas con una mantilla. Pero la mentalidad de la calle es distinta. No quedan apenas practicantes, la bodas civiles se están comiendo, paso a paso, a las religiosas, y la peña acepta con habitual normalidad ver por la calle parejas del mismo sexo de la mano o profesándose muestras de cariño. El carca español de toda la vida está en vías de extinción, y aunque se podría debatir sobre la sustitución de ciertos valores tradicionales por otros desmanes que pasan la raya del extremo contrario, es innegable que el cambio es, sustancialmente, para mejor.
En El Principado de Asturias se arrastra desde 2009 una polémica, sentencias judiciales y recursos de por medio, porque se quiere que se financie los colegios que separan por sexo. Escuelas vinculadas al Opus Dei donde estudian sólo niños, o sólo niñas (donde aprenden las labores propias de su sexo, como costura). Lo que, dicho en otras palabras, que con el dinero de todos se paguen las sectas religiosas.
A pesar de lo que el sentido común de un estado aconfesional nos dicta, estamos en España, y como dije al comienzo, todo disparate espera el reconocimiento oficial.
Y no deja de ser aún más hiriente que se imponga esto, cuando dos millones de españoles han tenido que dejar el país debido a la crisis, y nuestros mejores investigadores y científicos hacen las maletas, aquí estamos dorándoles la píldora a los meapilas. Que ya tiene delito.
Estos colegios chocan con el progreso lógico de las cosas, y van frontalmente en contra del normal desarrollo de la vida. Porque, después, ahí afuera, en el mundo real, hombres y mujeres se relacionan entre sí constantemente. Lo hacen en el trabajo, en la familia, en los bares…están habituados a estar juntos, y así deben crecer.
Si se niegan las subvenciones, se habla de discriminación y se apela a la libertad de educación. Que es el colmo del despropósito.
Vayamos por partes. La libertad de educación no quiere decir que el Estado tenga que financiar las excentricidades ideológicas. Si a alguien le da el capricho, o la neura, de que su hijo vaya a una clase donde estén sólo alumnos con el pelo negro, o un colegio en el que sólo se admitan chavalas gallardas que midan más de 1,75, esas cosas se las debe de pagar él. Aceptamos la segregación en las aulas, pero el que lo desee, que se lo pague. De su bolsillo, a ser posible, y no del de todos los contribuyentes.
Los defensores suelen utilizar el argumento de que se trata de una educación superior. Pero, ¿superior en qué sentido?
Está en entredicho que la calidad de la educación sea mejor. Principalmente, primero, porque algunos creemos que para la verdadera educación, o la cultura, no es tan importante la que llega del exterior como la que uno mismo se provee. Una vez que se abandona la escuela, la vida sigue en los libros, en el pensamiento, en la reflexión, en una inquietud por saber, por conocer, o por mero placer.
Da igual el colegio al que hayas ido, público, concertado, privado o para diabéticos, si eres incapaz de escribir una frase sin faltas de ortografía, o no se ha leído jamás un puto libro.
Segundo, es evidente que la inculcación de una idea de dios en la cabeza de los niños es intelectualmente perjudicial. Es decir, recientes estudios han demostrado (¡por fin!) que hay una relación negativa entre la religiosidad y la inteligencia. Por lo tanto, sí que se trata de educación discriminatoria. Discriminatoria porque, a pesar de que en muchos casos en las familias de postín lo que se trata es de marcar una línea más o menos elitista, la realidad es que se deja este tipo de escuelas a los menos espabilados. Y no hay porqué financiar fábricas de tontos.
Con todas sus limitaciones, vivimos en una sociedad abierta. Al menos más de los que lo era no hace demasiadas décadas. Es decir, hoy las personas se buscan la vida lo mejor que pueden con talento y posibilidades, la mujer está integrada en el mundo laboral, y allí hombres y mujeres se relacionan constantemente. El cuidado de los hijos ya no es un territorio exclusivamente femenino, y está bien visto que un Manolo o un Paco sepa cambiar pañales e ir a dejar al retoño a la puerta de la guardería.
Todos asumimos eso como algo normal, como el lógico avance de los tiempos. Se mira hacia adelante, las ideas machistas están denostadas (aunque su lugar lo ocupa, peligrosamente, un feminismo militante y radical al que se le da demasiadas alas) y, aunque mantienen su peso gracias a estar cerca de los miembros viriles del poder, ya nadie con dos dedos de frente toma demasiado en serio los dislates de monseñor Rouco y su corte de correligionarios bien cebados.
España, mal que pese a algunos, ha dejado atrás la oscuridad de aquel país de rancia sacristía, y sólo sobreviven gracias a las escandalosas subvenciones oficiales, al control de algunos medios de comunicación y a la complicidad de ciertos gobernantes irresponsables, a los que aún les gotea la peseta agua salada al verse a sí mismas con una mantilla. Pero la mentalidad de la calle es distinta. No quedan apenas practicantes, la bodas civiles se están comiendo, paso a paso, a las religiosas, y la peña acepta con habitual normalidad ver por la calle parejas del mismo sexo de la mano o profesándose muestras de cariño. El carca español de toda la vida está en vías de extinción, y aunque se podría debatir sobre la sustitución de ciertos valores tradicionales por otros desmanes que pasan la raya del extremo contrario, es innegable que el cambio es, sustancialmente, para mejor.
En El Principado de Asturias se arrastra desde 2009 una polémica, sentencias judiciales y recursos de por medio, porque se quiere que se financie los colegios que separan por sexo. Escuelas vinculadas al Opus Dei donde estudian sólo niños, o sólo niñas (donde aprenden las labores propias de su sexo, como costura). Lo que, dicho en otras palabras, que con el dinero de todos se paguen las sectas religiosas.
A pesar de lo que el sentido común de un estado aconfesional nos dicta, estamos en España, y como dije al comienzo, todo disparate espera el reconocimiento oficial.
Y no deja de ser aún más hiriente que se imponga esto, cuando dos millones de españoles han tenido que dejar el país debido a la crisis, y nuestros mejores investigadores y científicos hacen las maletas, aquí estamos dorándoles la píldora a los meapilas. Que ya tiene delito.
Estos colegios chocan con el progreso lógico de las cosas, y van frontalmente en contra del normal desarrollo de la vida. Porque, después, ahí afuera, en el mundo real, hombres y mujeres se relacionan entre sí constantemente. Lo hacen en el trabajo, en la familia, en los bares…están habituados a estar juntos, y así deben crecer.
Si se niegan las subvenciones, se habla de discriminación y se apela a la libertad de educación. Que es el colmo del despropósito.
Vayamos por partes. La libertad de educación no quiere decir que el Estado tenga que financiar las excentricidades ideológicas. Si a alguien le da el capricho, o la neura, de que su hijo vaya a una clase donde estén sólo alumnos con el pelo negro, o un colegio en el que sólo se admitan chavalas gallardas que midan más de 1,75, esas cosas se las debe de pagar él. Aceptamos la segregación en las aulas, pero el que lo desee, que se lo pague. De su bolsillo, a ser posible, y no del de todos los contribuyentes.
Los defensores suelen utilizar el argumento de que se trata de una educación superior. Pero, ¿superior en qué sentido?
Está en entredicho que la calidad de la educación sea mejor. Principalmente, primero, porque algunos creemos que para la verdadera educación, o la cultura, no es tan importante la que llega del exterior como la que uno mismo se provee. Una vez que se abandona la escuela, la vida sigue en los libros, en el pensamiento, en la reflexión, en una inquietud por saber, por conocer, o por mero placer.
Da igual el colegio al que hayas ido, público, concertado, privado o para diabéticos, si eres incapaz de escribir una frase sin faltas de ortografía, o no se ha leído jamás un puto libro.
Segundo, es evidente que la inculcación de una idea de dios en la cabeza de los niños es intelectualmente perjudicial. Es decir, recientes estudios han demostrado (¡por fin!) que hay una relación negativa entre la religiosidad y la inteligencia. Por lo tanto, sí que se trata de educación discriminatoria. Discriminatoria porque, a pesar de que en muchos casos en las familias de postín lo que se trata es de marcar una línea más o menos elitista, la realidad es que se deja este tipo de escuelas a los menos espabilados. Y no hay porqué financiar fábricas de tontos.
8 de septiembre de 2012
Más que un mito
Se cumplió el pasado agosto medio siglo de la muerte (¿suicidio?) de Norma Jeane, más conocida como Marilyn Monroe, el mito del cine e icono del erotismo, la sensualidad y la voluptuosidad explosiva. Pero era un trecho más. Y de tonta, nada.
No hay que quedarse en la superficie, en su imagen de mujer sexy de múltiples y populares amantes, o grotescos carteles posteriores de transformaciones pop. Ni siquiera en las fotografías más recurrentes. Sería simplificarla demasiado. Es como tener en la habitación la archifamosa foto de Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes y no haber visto ninguna pelicula más de ella (por cierto, siempre me provocó curiosidad lo de ensalzar a una puta de lujo, por muy bonita que estuviera en la película).
Es evidente que Marilyn forma parte de la historia del siglo XX. Una entre millones. Fue la representación máxima de los años cincuenta, en plena edad dorada del cine.
De lo que se trata es de hablar sobre sus caracterizaciones inolvidables, aunque ella fue filón para la prensa de todos los estilos. Y luchó contra todos los lugares en que los buitres y mercaderes quisieron encasillarla.
En un principio se la intentó ver como la típica rubia, una especie de sucesora de Betty Grable. Ella apareció por primera ante el público general en un corto papel, dejando boquiabierto a Groucho Marx en Amor en conserva. Su estreno en el reparto de una gran película fue en La jungla de asfalto, la trágica obra maestra de John Huston. Empezaba a vislumbrarse como inconfundible, ataviada en un vestido negro de generoso escote.
Y desde ahí tuvo la enorme suerte (o "talento" para convencer productores) de aparecer en grandísimas peliculas. Así fue el caso de Eva al desnudo, o Encuentro en la noche, donde no desentonaba frente a una gigante de la pantalla como Barbara Stanwyck.
Bajo la dirección de Howard Hawks compartió cartél con Cary Grant en un buena comedia, Me siento rejuvenecer. Todo su erotismo fue sacado a escena en Niágara, para júbilo del público.
Para Los caballeros las prefieren rubias ya eran un potente símbolo sensual adorada por millones de hombres, y provocó el delirio de los soldaddos americanos en Corea cuando allí y para ellos interpretó algunas canciones de la película.
En Cómo casarse con un millonario coincidiría con Lauren Bacall y Betty Grable. Pero a la Fox sólo le importaba la explotación comercial de sus productos, y a base de enfrentamientos y presiones, y a pesar de sus esfuerzos por ser cada vez mejor actriz, no consiguió rechazar papeles que hizo contra su voluntad. Así fue con Río sin retorno y Luces de Candilejas. Sus progresos fueron evidentes en La tentación vive arriba, película de célebre escena donde un ventilador le levantaba la falda.
Algunos se tomaron a pitorreo su intención de entrar en el Actor's Studio. La búsqueda del respeto fue una constante en la vida de la rubia nada tonta, sólo que pocos supieron entenderlo. En vida fue destrozada por la crítica, que más tarde la señalaría como una gran actriz.
Sus inquietudes intelectuales salieron más a la luz al casarse con Arthur Miller. Las facultades de ella para la comedia quedarían más que patentes en Bus Stop y Con faldas y a lo loco, genial comedia de Billy Wilder y de deliciodas interpretaciones y canciones.
Pero entrada la década de los 60 los problemas psicológicos de Monroe se fueron acumulando, hasta ser expulsada del rodaje de Apártate, cariño.
Ella había entrado en un terreno peligroso con su relación a tres bandas con los Kennedy (padre y los dos hermanos), en plena guerra fría y con el conflicto cubano muy presente. Sólo tres semanas después de posar desnuda y bella en la piscina de la Fox, "oficialmente" se quitó la vida.
Aquello fue el principio del fin de una época. Su figura ha sido utilizada muchas veces bajo los aspectos de una explotación descarada e indecorosa. Hoy es propiedad de la memoria colectiva. Ella fue una mujer de frágil humanidad, una muñeca del sistema que soñaba con ser buena actriz, pero fue con su muerte y con sus curvas como consiguió convertirse en una leyenda.
Anexo: El que probablemente sea el mejor documental sobre Marilyn emitido en España : http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-noche-tematica/noche-tematica-ultimas-sesiones-marilyn/1031262/
28 de agosto de 2012
Ella
Cada vez tengo más claro que estar cerca del mar es sinónimo de felicidad. Y compadezco a quien no puede permanecer, acercarse hasta esas orillas o darse una aventura agua adentro.
Uno se reconoce allí, contemplando esa inmensidad, en su propia soledad y silencio, o con las olas rompiendo contra las rocas y el viento soplando en las jarcias. Allí donde empieza la verdadera libertad del ausente, o del que espera toda la semana en el trabajo, tierra adentro, para escaparse en cuanto puede al mar con una pequeña lanchita y una caña. Y conseguir largarse a redescubrir esa especie de paz interior, y poder hacerlo sin torcer la mirada hacia lo más oscuro y necio de nuestras vivencias.
La mar (en género así, femenino, que le está permitido a marinos y pescadores, gente del oficio) guarda sensaciones, olores e imágenes que permanecen inalterables en la memoria, y a menudo regresas a ellos y te llevan en volandas a cualquier tarde de julio cerca de un atardecer y una chica bonita. Uno de esos atardeceres y una de esas chicas que justifican un día, un verano o una vida.
Y por eso asocio la felicidad a poder acudir siempre que se desee a la implacable belleza de un territorio diferente. La luna recortada en la arena de la playa, la serenidad de ver un puerto en la noche desde la cubierta.
A la mar se va sin internet, sin televisión, sin nada que te recuerde el enloquecido mundo de adentro. A cambio puedes sentarte allí donde las fronteras del mundo desaparecen para mezclarse con los sueños. Es decir, en las novelas. Melville, Stevenson, O'Brian. Bagaje literario que cualquier apasionado del mar tiene como sustento para mirar esas aguas después de darse un paseo por sus páginas.
Y uno siempre cree adivinar en algún punto del horizonte la silueta difusa de una isla, e imagina que es una a la que poder escaparse con el amor de tu vida lejos de los malos, como en la novela de Joseph Conrad, Victoria.
Si alguna vez me pierdo y desaparezco sin previo aviso, irme a buscar a esas orillas. Quizás alguien me vea sentado en una terraza con vistas a una playa escarpada, tomando una cerveza acompañada de una tapa de boquerones a la plancha, unos calamares o un puñado de bígaros.
El agua vista con el sol parece transmitir vida y júbilo, con los rayos reflejándose sobre la superficie y expandiéndose en mil colores. Y en invierno la lluvia contamina de una vaga tristeza. Conoces las formas en que se manifiesta el mar de la misma manera que conoces tus estados de ánimo.
La forma recortada de ciertas costas me evoca a la niñez. Cuando dejábamos que Jesús el de Casa Román nos llevara en su lancha hasta bien entrada la tarde. Entonces de noche nos despachaba y se iba a los pedreros a pescar, y volvía al amanecer cansado y sin afeitar, mientras su mujer, una hembra madura de armas tomar muy bien proporcionada, le esperaba en el embarcadero para llevarle el desayuno.
Y nosotros allí, jóvenes imberbes, mirando aquellas enormes tetas como quien mira a Dios, no decíamos ni pío por el respeto reverencial que le teníamos a ese tío, un auténtico hombre de las aguas; sabía del mar y de la vida, y nosotros sabíamos de sobra la diferencia entre un dominguero del mar y un lobo de mar, cuando la costa no es ladrillazo, hoteles y especulación local, y los navegantes no son tontolculus paseándose con naúticos entre las regatas y jugando a ser marinos en sus pijoyates de esloras largas. Sino que huele a algas, a salitre, a brisa de otoño, a cebo de sedal, palangres, barcas varadas en la arena, o el carburante de un mercante que navega rumbo oeste. A rumor de resaca y restos de naufragio. Memoria de otros tiempos. De ti mismo, quizás, cuando también eras otro. Aunque todo sigua casi igual en la vieja, inmensa y sabia patria.
Sólo lo comprende el que se ha criado y ha crecido allí. Por eso cuando llegaba alguien de la gran ciudad a pasar los veranos, elegíamos con muy mala idea un día de fuerte marejada para que diera una vuelta un par de millas al norte. Y volvía pálido y desencajado, echando la papilla por la boca y jurando no volver a subirse en la vida a algo que flote.
De niño, los de casa íbamos a visitar a viejos capitanes, antiguos amigos, al puente de mando de sus buques cuando atracaban en el puerto de Avilés. Y en su cara cuarteada de arrugas y en sus ojos cansados a punto de la jubilación podía leer la nostalgia del que se sabe cerca del retiro, verse relegado para siempre de las guardias y los mares de barbas grises en los días de tormenta. El desplazamiento que sufre el marino obligado a envejecer tierra adentro cuando no logra adaptarse y conseguir otro trabajo rápido, un pequeño velero o una afición ligada a las orilllas.
Y es difícil desengancharse de la relación de amor y de peligro del mar. Porque un capitán de la marina mercante, un marino de verdad, como ya insinué antes, no se pasea dominguero en su yate vestido con una camisa de marca y bebe champán caro en lujosos puertos deportivos, sino que aguanta guardias de madrugada en noches cerradas, sale a colocar estachas con temporales infernales, traza el rumbo y la posición en medio de la supuesta nada, pasa meses enteros fuera de casa y días sin ver más que la masa enorme de agua y lidia con tripulación y oficiales complicados, bebedores y duros.
Y con menor intensidad, las gentes que viven asomados a la costa, que se levantan por las mañanas y tienen las mareas a la vista, no pueden vivir sin su paseo vespertino casi lamiendo el oleaje. Si los metes demasiados días consecutivos en el interior de una ciudad se vuelven huraños, inquietos, aburridos.
En el pueblo donde yo me crié hay un cementerio en una colina que está bañada por el mar. Después de pasar toda su vida a la orilla, la gente del lugar, cuando dice adiós muy buenas, se hace enterrar allí, como si en su noche eterna quisieran seguir oliendo el salitre, bajo el manto de estrellas.
5 de agosto de 2012
Las claves de una leyenda
Al menos Judas no se acogió a un programa de protección de apóstoles.
Rosalie Aprile
Después de ver (disfrutar) por segunda vez en mi vida Los Soprano (esta vez nada de descargas en el ordenador y con el siempre despreciable doblaje, si no en su dvd, en la tele, en versión original y administrándome los capítulos como me sale de la bisectriz) no puedo dejar de destacar algunos aspectos que la hacen una serie única , más allá del elogio y por encima del bien y del mal.
Aparte de ser una serie de culto (antes de ellos no había nada), su ya mítica entradilla parodiada en Los Simpsons, los lugares donde se reunen los protagonistas: el Bada Bing, el mantel a cuadros en el exterior del Satriale’s; los chándals horteras que se ponen encima de camisetas de tirantes, la panza de muchos de sus participantes, la peluca y los gestos de Silvio Dante (Steve Van Zandt), las sienes plateadas de Paulie Gualtieri; la comida, que tiene un papel fundamental en la serie, como un personaje más; y su comentadísimo y polémico final forman parte de las imágenes recurrentes de nuestra época, de la cultura popular y del subconsciente general.
Carmela, la matriarca, es acomodada e hipócrita. Vive su vida como católica practicante como si no supiera lo que pasa en su casa y a lo que se dedica su marido. Además, su relación con sus hijos, la contrapartida como niveladora de Tony y su doble moral o remordimientos cuando peca en algún sacramento la convierten en un eje principal de la serie.
En Los Soprano, las mujeres, en el momento en que pasan por el altar, se convierten en máquinas de parir y criar hijos, soportar infidelidades y mirar para otro lado. Y sus amantes no son consideradas mucho más allá que meros objetos de placer. Sin embargo, la vida de los mafiosos, del macho alfa, no se entendería sin ellas. Sin su mujer, sin su hermana y sin su psicóloga, tanto la figura de Tony como la serie estarían cojas.
Tony es un gordo corrupto, holgazán, putero, cínico y bebedor. Y además, asesino. Pero siempre tiene la certeza de actuar bajo unos preceptos, soldados que matan a otros soldados en una guerra. Movido por sus propias normas, Los Soprano atraen por su fidelidad a unos principios, unos códigos de honor, de lealtad, de silencio y de amistad donde no caben traiciones. Y el carisma del Jefe de la familia inunda la pantalla, haciéndose un personaje entrañable e inovidable, hasta que los guionistas hacen que se revele de verdad quién es, de lo que es capaz de hacer, y lo vuelve a convertir, aunque sea brevemente, en un ser despreciable. Un personaje por el que adquieres cierta simpatía pero capaz de dar luz verde al asesinato del hijo de su mejor amigo, de 22 años.
Sin embargo el personaje de James Gandolfini es una persona que nos parece cercanamente humana por sus dudas, sus problemas psicológicos y los análisis que hace de la vida, normalmente sentado en la consulta de la Doctora Melfin. Así, Los Soprano son una clase rápida de psicología, de enseñanzas de la vida, con sus cotidianas disputas familiares y laborales que nos suenan tanto, aunque su trabajo no sea para nada corriente.
Además de lo interesante de las tramas criminales y la excelencia de sus guiones, otras de las claves que hacen de ella una serie especial es su estupenda banda sonora ( http://www.youtube.com/watch?v=JDEvAt0izFE ), apoyada principalmente en Van Morrison y Bob Dlyan, la participación como primo de Tony de Steve Buscemi (que dirigió algunos capítulos) o Peter Bodganovich como secundario, productor y también director de episodios sueltos, la fijación de Tony con Gary Cooper, los golpes de humor en ocasiones bizarro, o las deliciosas y constantes referencias cinéfilas que pueblan la serie, cuando Silvio imita al Michael Corelone de El Padrino III o en las películas que ven los personajes en sus teles.
Durante las 6 temporadas y media de la serie (la final se divide en dos, igual que va a ocurrir en esta quinta y última de Breakinag Bad) se puede ver crecer a los niños del matrimonio, pasar de colegiales a jóvenes universitarios, adelgazar, madurar o dejarse perilla.
Y en el epílogo, cuando están sentados a la mesa del restaurante, suena Don't Stop Believing y se acerca el final, sientes una pena dentro de ti, algo de la nostalgia de la pérdida, como si se alejaran miembros de tu propia familia.
10 de julio de 2012
Réquiem por Ernest Borgnine, el malo de rostro amable
Estaba en el suelo, despellejando un palo con su cuchillo, mientras sus tres compañeros apuraban sus instintos con unas prostitutas dentro de un cobertizo de mala muerte. Los ve salir, a los tres. Se miran. Sonríe, con esa dentadura amplía. No se dicen ni una palabra y se levanta, diriguiéndose, como ellos, hacia el caballo donde tienen las armas. Las amartillan y se ponen a caminar hacia ese destino oscuro del que ya no pueden ni quieren escapar, en el final de su tiempo. Es una escena en el epílogo de Grupo salvaje, mítico western crepuscular en el que Ernst Borginge compartía cartel con William Holden y Warren Oates.
Podía ser brutal o peligroso, honrado y amable. O un mal bicho. Uno de los secundarios más versátiles del cine y de prolífica carrera, famoso por su pelea con Frank Sinatra en De aquí a la eternidad o su papel de matón en Conspiración del silencio, tambien lo fue por su entrañable personaje en Marty. Una película que le valió el Óscar, donde un humilde carnicero que aún vive con su madre trata de ganarse el amor de una mujer, basándose en sus buenos sentimientos. Era un cine sencillo y amable, protagonizado por una pareja de "feos", sin lujos, glamour o estrellas preciosas del celuloide.
Se le pudo ver en la magnífica Los vikingos junto con Kirk Douglas y Tony Curtis, bucando bronca en Johnny Guitar y formando parte de un amplio elenco de estrellas en la irregular El vuelo del Fénix.
Estuvo casado con Katy Jurado, con la que compartió reparto en Arizona, prisión federal, una de las más modestas cintas de Delmer Daves, y colaboró en todo aquel reparto coral de la famosa Doce del patíbulo. Desplegó todos sus recursos de tocapelotas en la entretenida La aventura del poseidón, y volvería a cruzarse (enfrentarse, esta vez) con Lee Marvin en El emperador del norte, Robert Aldrich de primera división.
Sam Peckinpah lo llamó de nuevo para uno de sus proyectos en la ya decadencia del director, Convoy, y después encadenaría apariciones breves en películas con secuelas para la televisión de Doce del patíbulo.
Ernest Borgnine era imposibe de no caer simpático, con su rostro de gente de la calle, con la normalidad como sello de la casa, secundarios de la misma raza que Karl Malden, que no eran estrellas pero sí queridos por el público, y miembros también de una legendaria generación de la que ya sólo queda Kirk Douglas.
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