3 de junio de 2025

¿Jóvenes pero sobradamente estúpidos?



Artículo publicado originalmente en La Nueva España 

Leo en un reportaje periodístico que nos estamos volviendo cada vez más idiotas. No es una frase hecha o un pataleo contestatario contra el evidente estado de las cosas por quien lanza un vistazo alrededor y ve que el mundo está concebido a la medida del imbécil, no: esta aseveración, el hecho de que cada vez somos más tontos, proviene de estudios que advierten del imparable auge de la estupidez debido a que nuestro cerebro está encogiendo y el cociente intelectual cae. 

Los resultados señalan que ahora se lee menos y pasamos más tiempo enganchados a dispositivos electrónicos, aunque creo que no eran necesarias tan sesudas investigaciones para llegar a esa conclusión. Basta con darse una vuelta por la calle de cualquier ciudad cualquier día de la semana, para contemplar el continuo reguero de urbanitas asilvestrados con la cara pegada perpetuamente a una pantalla de móvil. Si uno no se aparta a tiempo, a veces chocan contra ti, pues van de frente y agachada la testuz, como un morlaco contra el burladero.

Unos chatean de forma compulsiva, otros buscan el efímero pero incesante chute de dopamina en la validación de desconocidos, exponiendo su vida más o menos ficticia y edulcorada en redes sociales; otros consultan las noticias en su cámara de eco mientras el algoritmo filtra y suministra todo lo que valide su sesgo de confirmación. La famosa sociedad líquida de Bauman está llevada en estos tiempos hasta el paroxismo. 

Si nos atenemos a otros datos, el 68% de los jóvenes entre 15 y 29 años cree en la existencia del karma, el 28% en artes mágicas como la brujería o el chamanismo, el 26% cree en la predicción del futuro mediante el tarot o astrología y el 24% en energías curativas como el reiki o la cristaloterapia, que no sé lo que es. 

Se pensaba que era posible el triunfo de la secularización y resulta que estos cabestros han sustituido la religión católica por el paganismo posmoderno. Los datos no dicen el porcentaje de los que creen en políticos populistas o en la viabilidad del socialismo, pero ahí están los votos y un sectarismo que es cada vez menos abierto de mente y más dogmático, arrastrado por el poder corruptor del odio.

Es cierto que cada cual es libre de buscar refugio psicológico ante las adversidades del mundo como le venga en gana o mejor pueda, sea el zodiaco, la lectura de manos o la entronización de políticos, pero si antes el acceso a la educación de las clases medias permitía cierta apertura cultural (avance que dio a luz la intelectualidad liberal y a las élites ilustradas), ahora pecamos por exceso, y la sobreestimulación de recursos a nuestro alcance parece lograr el efecto contrario.
Hay una contagiosa forma de pereza intelectual, tacañismo cognitivo, y es más difícil tener la paciencia y la cautela a la hora de pensar críticamente, y eso hace que el individuo se apunte entusiasta a creencias simplistas que no resisten el análisis.

De la música que se escucha ahora no tengo mucho que decir, porque cuando entro en las listas de los artistas (por llamarlos de alguna manera) más escuchados en plataformas, no conozco a ninguno, y sospecho que la culpa es mía, debido a mi anacronismo intransigente y a mi prematura senectud. 

Algunas cuestiones de la deriva hacia la imbecilidad colectiva e individual de nuestra triste historia reciente: durante el apagón del 28 de abril, hubo muchas personas que, modernos pero bobos sin remedio, perdidos en su propia frivolidad y por lo tanto sin recursos ni herramientas para ser autosuficientes durante unas horas, como no sabían qué hacer, y a falta de algo mejor, salieron a la calle a cantar, a beber y a grabarlo con el móvil para cuando volvieran los datos. 

Porque España es así de dicharachera y lo mismo te montan una simpatiquísima coreografía los atrapados en un tren sin energía, de esos de Óscar Puente, que se graban bailongos durante la pandemia los comprometidos y terriblemente torturantes enfermeros de TikTok, despertando algunos instintos asesinos entre los sufridores usuarios de la sanidad pública. 

Y pública es también la televisión, esa RTVE degradada hasta límites del bochorno, donde, rascando el fondo del barril para incorporar al resto de la guardia pretoriana del oficialismo (y ser las correas de transmisión de la abyecta propaganda gubernamental), se ha sumado el traslado de los monstruitos de la telemierda a la 1. 

Porque Pedro Sánchez, primera fila de una organización dedicada sin complejos a extorsionar, sobornar, malversar, enchufar, mentir y robar, en el fondo sabe que esos estudios sobre la idiotización del mundo son veraces, y lo aprovecha a su favor.

5 de abril de 2025

Educación de militantes



Artículo publicado originalmente en La Nueva España

Hay algo de perversa decadencia, de palpable degradación, en las trazas y formas de quienes nos gobiernan y pastorean. De quienes manejan la cosa pública y marcan el signo de los tiempos. La manera de expresarse, de moverse por las instituciones, la altanería o la insolvencia intelectual con que responden a periodistas que no sean los habituales lacayos a sueldo.

Algunos ejemplos pueden ser los dictámenes del aversivo portavoz Patxi López que sólo atiende a sus cobistas, demasiadas intervenciones en el constituyente que causan sonrojo por los modos bajunos, la demagogia del verbo casi ininteligible de María Jesús Montero, ir al Congreso en camiseta o jurar el cargo institucional en nombre de lo que te salga de las glándulas, sin que nadie sea capaz de decirte que eso queda anulado, por ir en contra de la Constitución y, sobre todo, por impresentable.

Ese deterioro de la cosa parlamentaria parece haberse extendido a otros ámbitos de la sociedad: verbigracia, el sector educativo, que en democracia nunca tuvo etapas de excesivo esplendor.
Se han rebotado algunos profesores afiliados a IU (lo ha publicado El País, donde el rigor informativo ya sólo se mantiene en las esquelas) porque los alumnos no tragan de buena gana la papilla impuesta desde el dogma oficial y tienen ideas propias, contestatarias, sobre el feminismo de nueva ola o la inmigración de oleadas. 

Creen sus tutores en el aula que esto se trata de un preocupante caso de adolescentes descarriados, cuando los verdaderos ideologizados son los profesores, que se sirven de su posición de autoridad en el recinto para que, bajo su dominio, la educación degenere en prácticas de persuasión coercitiva. La reacción natural, inherente, de todo mozuelo en edad de lógica rebeldía es ir a la contra de esa suerte de totalitarismo mental.

Recuerdo mi pubertad en un colegio religioso y mi congénita vena contestataria al abuso de autoridad, a la exigencia sin argumentos, las tinieblas de la razón, el sinsentido de tener que sufrir a figuras siniestras que aplicaban con mano de hierro una disciplina que no entendía pero que padecía con ese sufrimiento infantil del que mira al cielo y no vislumbra las señales.
Me acuerdo de la angustia, el miedo, la incomprensión ante un sistema educativo inflexible, mal diseñado, concebido para triturar talentos, instaurar la mediocridad y limitar la capacidad de pensamiento individual, sin ofrecer razonamientos ni recursos.

Hoy los nuevos clérigos aplican el rodillo sobre las mentes tiernas y la ingeniería social es una apisonadora y una industria, teniendo a la vanguardia el marxismo cultural, con sus variantes en la ideología de género y la memoria histórica oficial pergeñada desde el poder. Imaginen el efecto de eso en púberes aún sin tendencias políticas definidas.

Prácticamente extinguidas las Humanidades de los planes de estudios (con la Filosofía y la Historia en el desguace de las ideas), careciendo de una base intelectual adecuada que ayude a discurrir en posesión de las herramientas culturales propicias, el alumno sólo recibe la hostilidad del nuevo catecismo de la izquierda más feroz, la que se puede identificar desde fuera casi a golpe de vista estético; profesores con carnet de partido, maestros que van en listas electorales, comisarios políticos disfrazados de educadores, con el avieso afán de imponer a sus alumnos el credo izquierdista como verdad incoercible y sin darles nada a cambio; mientras promueven la destrucción de los vínculos familiares, el relativismo moral, la maldad irreflexiva, dentro de su ideario corrosivo que desemboca en las consecuencias acordes al péndulo que provocan. 

Porque resulta que, frente a lo esperado por el escuadrón del profesorado militante, después sale el alumno mal adoctrinado, y entonces acuden, con la agresiva superioridad moral del ser comunista, a su periódico de cabecera de propaganda y denuncia social, a proclamar, compungidos en exceso y el rostro demudado, que el chiquillo es facha.

28 de marzo de 2025

Pedagogía contra la sonrisa de la muerte


Existen antipatías instintivas, imposibles de vencer, donde el subconsciente reacciona de manera automática, como un resorte que se activa. Pasa con Mertxe Aizpurua, por ejemplo, donde algo en tu cerebro te crea un rechazo estético y también ético aunque no sepas a qué se dedicaba la antigua directora del Gara y ahora soporte fundamental del sanchismo.

Aizpurua, para los neófitos, era la redactora jefe de Información en Egin cuando ETA intentó matar a un topo de la banda; les sonará esto del topo porque sale en la película 'La Infiltrada', que algo bueno tiene que tener el cine español si a veces instruye en la verdadera memoria más reciente y no tan histórica, sin trampas interesadas y partidistas.

El encuentro entre la diputada Bildu y Pedro Sánchez en Moncloa sirve para medir la atmósfera moral de una parte de la sociedad, la que no ve con malos ojos claudicar con armas y bagajes a los populismos e independentismos siempre que siga construido el muro contra la ultraderecha que se mantiene en pie en sus cabezas. Aunque los blanqueadores son los socialistas y sus falanges mediáticas, hay algo de derrota colectiva en esta normalización del mal.

Hablar de nuevo de la absoluta falta de escrúpulos de Sánchez es caer en la reiteración, y sobre el fango ético en el que chapotean el presidente y sus acólitos se ha escrito demasiado y casi todo acertado. Igual que del asunto el separatismo de las antorchas. Amnistía para el golpismo catalán, financiación singular, cancelación de la deuda...una larga y vergonzosa lista que ya la explican mejor y a diario otros periodistas especializados.
Lo más preocupante, la derrota de la que hablo, viene por parte de la ciudadanía adscrita a esa "coalición de progreso" (léase con ironía) como dogma de fe, y ahí se enquistan irreductibles, tan sectarios militando en esa izquierda cada vez más desnortada y palurda. 

Explicaba Jon Viar, poco sospechoso de fachosfera, la incongruencia que supone valorar como "progre" el horror etnonacionalista derivado en asesinatos en nombre de una raza y una patria, y que el brazo político de esos terroristas no arrepentidos ahora es legitimado por todos los partidos supuestamente progresistas y parte de su boyuno electorado.
Reflexionaba Jon Viar sobre lo imposible que es la convivencia con mentalidades tan degradadas. Busquen el vídeo para el que todavía no lo haya visto (así como su película documental 'Traidores', tan necesaria).

Pueden leer también la "Carta a los nuevos ciegos" que Pilar Ruiz Albisu, la matriarca de los Pagaza, escribió en ABC en 2005 y que sigue tan vigente a día de hoy (retrata y anticipa perfectamente la chulería, la mezquindad y la indecencia de Patxi López), cumplidos sobradamente los peores pronósticos de la madre de Joseba Pagazaurtundúa, socialista de UGT asesinado por ETA, jefe de la Policía Local de Andoain y fundador del movimiento cívico ¡Basta Ya!.

Pilar murió a principios de marzo rodeada de los suyos, con la serena valentía de luchadora incansable contra las dictaduras, primero contra la franquista y después contra la mafia del nacionalismo vasco. Y murió con la pena de ver a los asesinos de su hijo como socios prioritarios del Gobierno de España, y a Patxi López habiendo medrado en su carrera gracias a esa traición que ella le reprochó.

Por Sánchez poco podemos hacer, ya que ni mil columnas, artículos o reportajes, ni horas de trabajo de la oposición van a cambiar su mentalidad y su enfermiza ambición de poder a toda costa; pero aún es necesaria la pedagogía, al estilo de Jon en la CEU San Pablo, para educar a los de a pie la merma, la fiel infantería que aún mantenga algo de capacidad de raciocinio.

No perdamos la esperanza. Educar en valores como la libertad y el progreso (el verdadero, no el de la deriva reaccionaria de la izquierda), promover la cultura y la Historia para explicar algunas cositas básicas en un Estado de derecho, para confrontar con los supremacistas y los del identitarismo local que tanto exalta las más bajas pasiones y, tal vez, para que dejen de tener brutales migrañas cuando ven a alguien del PP o de Vox, y lascivas erecciones al contemplar a Arnaldo Otegi abrazado a Évole o a Mertxe sonriéndole a Pedro.

18 de marzo de 2025

Cayeron ellos


No hubo segunda parte buena ni retornaron los días de vino y rosas. Terminó con discreta dignidad Caiga quien Caiga tras siete emisiones, y el pasado 3 de marzo bajaba la persiana sin mucha estridencia. El programa, con supuesta vocación irreverente y espíritu combativo, fracasó como subproducto ideológico por su concepción errónea de lo transgresor, al tratarse de una mera parodia de lo que fue, de aquel formato original y rompedor de entonces a la obsolescencia inaudita de ahora, pues los tiempos han cambiado, la propaganda encaja más filtros para ser contrastada y rebatida y todo dios le tiene tomada la matrícula a políticos y periodistas.
Significa que se puede alegar maldad o directrices, pero no desconocimiento o ignorancia, sobre de qué pie cojea cada cual, medios de comunicación y profesionales de la cosa pública. O de si no van ni andando.

Por eso se trata de una cancelación que no pilla por sorpresa, cuando tu pretendido gamberrismo y discurso a la contra resulta que coincide punto por punto con la agenda gubernamental, y tu presunta labor periodística es la tan novedosa de fiscalizar a la oposición. Heroica labor la de esos muchachos de negro, sin duda, puestas las gafas de sol y también las anteojeras del postureo biempensante, más arlequinesco que simpático, y previamente establecida la escaleta desde Ferraz y Moncloa. Ferocidad sin ningún tipo de consecuencia real, como perros ladrando a los coches que pasan.

Con terroristas parlando en el Congreso (se llama Parlamento por eso, aunque alguno sólo rebuzne) y otros terroristas flanqueando al Gobierno en su autodenominada coalición de progreso, que a los 20 segundos del primer programa dejaran claro que el peligro para la sociedad (y para la audiencia) era la ultraderecha (ese camelo para ingenuos, machacón mantra para simples que se aferran a eslóganes que no se adecuan a la vida real, como sabe Errejón) ya era toda una declaración de intenciones: la intención de no molestar al que manda y paga. Incluso de agradarle y complacerle, aceptando su papel de inofensivas mascotas del poder.

Y llegamos a la triste constatación que de poco sirve que hagas tu trabajo vestido de traje: estar de rodillas ante un Gobierno corrupto no tiene nada de elegante. Y podría haberse tratado de una propaganda con talento (eso lo hacía bien Hollywood antes de la ya crepuscular era del wokismo), en posesión de audacia, sagacidad, inteligencia.
Ni por asomo. Todo era cansino y previsible, y la gracia únicamente sucedía de forma involuntaria, asomando a ratos esa sensación tan desagradable de la vergüenza ajena; reafirmando así la certeza de que, por salud mental, lo mejor que puedes hacer con la televisión es tenerla apagada.

Claro que vivimos en un país donde si vas callejeando con la alcachofa puedes recibir el beneplácito del pensamiento dominante, por mosca cojonera de los fachas, baluarte del antifascismo y otras inanes chorradas que ya nadie normal se cree (salvo la veintena de niñatos zoquetes que juegan a revolucionarios impidiendo charlas en la Universidad), pero que celebran los de siempre; pero si lo mismo se lleva a cabo hacia alguien como, pongamos por caso, el siniestro chavista de manos largas Monedero o el energúmeno de Antonio Maestre, lo que celebran con jolgorio en sus redes Fortes, Iñaki López y compañía (cómplices necesarios) es que el micrófono haya alcanzado cierta cantidad de metros al ser lanzado, aunque sea a costa de violentar a un chaval que no hace nada que no realizaran años atrás los de aquel programa primigenio u otros folloneros. Porque algo puede ser violencia o no según quien la sufra y, sobre todo, según quien la ejerza. 

Así pasa actualmente en el País Vasco, donde hacer un mitin que no cuente con el visto bueno del nacionalismo mafioso es "ir a provocar", y se mantiene todavía una atmósfera de miedo sutil, pegajoso, impredecible; congelado en el tiempo un ambiente tenso, cerrado y delator, donde los asesinos excarcelados pueden ser recibidos masivamente en olor de multitudes y las víctimas tienen su homenaje de la forma más discreta posible, tratando de incomodar poquito, por si se enfadan los chicos de Otegi, que ahora son también los chicos de Sánchez. Y pues ya lo habrán adivinado: no hemos visto (ni veremos ya, me temo) a nadie de Caiga quien Caiga por Alsasua a poner a prueba la conducta civilizada de los entrañables vecinos.

19 de febrero de 2025

En defensa del papel


Artículo publicado originalmente en La Nueva España

Muchos de nuestros recuerdos más intensos están asociados a la infancia, etapa en la que todo lo bueno y lo malo cobra forma, influyendo de manera decisiva en el futuro que nos aguardará a la vuelta de la esquina. En mi caso, abundantes evocaciones en edad temprana se desarrollan siempre rodeado y en compañía de libros, creciendo entre encuadernaciones, novelas, prensa, películas estupendas y música excelsa. 

Puedo recrear nítido en la memoria el sonido de las llaves de mi padre al entrar por la puerta de regreso del trabajo, y cómo corría a saludarle para rápido coger La Nueva España que traía cada día bajo el brazo. Ese sonido reconocible, esa llegada y ese periódico eran sinónimos de ansiedad y felicidad. Antes de Internet, antes de las omnipresentes redes sociales, en aquellos 90's con el equipo en Primera, quería leer cuanto antes la crónica del Real Oviedo y las noticias diarias de la plantilla, los artículos que me llamaban la atención, las cosas que pasaban en mi ciudad, que era entonces mi mundo. 

Fue inseparable la niñez del continuo contacto con el papel, unidos de la forma más natural (no conocíamos otra cosa), pero sin perder la fascinación. Un proceso coherente: aprender a leer para luego aprender a escribir más o menos bien. O aunque sea regular. Pero sin ese iniciático contacto con la lectura, es imposible conseguir el hábito de darle a la tecla o al bolígrafo, conquistando así un pequeño espacio de libertad individual.

Décadas después, el papel sobrevive en un ambiente hostil, y donde los estudios afirman que los más jóvenes no comprenden lo que leen, si es que llegan a leer algo. Casi todo es ya digital, efímero; estímulos en la palma de la mano y entretenimiento de 20 segundos. Titulares que son cebos, publicidad engañosa, mercadeo de la carne en promoción, inflamación de las emociones de usar y tirar.

Claro que siempre hay honrosas excepciones, y jóvenes inquietos y lúcidos que se interesan por la lectura y otras formas de cultura, a los que te encuentras entre semana en el cine o también ojeando novedades en una librería;  pero el depresivo ambiente general, cuando echas un vistazo alrededor, es el de ultracuerpos enganchados de forma permanente a las pantallas, droga suministrada desde bien pequeños por sus cabestros padres, para que el nene (o la nena, por favor, no me cancelen) esté tranquilo y entretenido y no dé mucho la lata.

El periódico de papel, como éste que tienen ustedes entre las manos, te sirve para la cafetería, el sillón, el parque, la playa o la cama. Y dirán que el móvil también, pero no fastidien. Todos sabemos que no es lo mismo. El que creció acostumbrándose a la prensa escrita e impresa sabe de lo que hablo. 

Hay formas y serenas costumbres que no sólo constituyen un hábito, también conforman una vida y definen una personalidad. No hay modo de sustituir esa sensación ni ese formato centenario aunque, evidentemente, las épocas cambian y las empresas y los medios de comunicación también tienen que adaptarse al signo de los tiempos y renovar sus ediciones digitales por una cuestión de practicidad, siendo que algunas cabeceras ya sólo existen y publican en digital. Así se entiende y se asume. 

Pero el papel continúa siendo el necesario testimonio de que aún quedan vestigios de ese universo añejo que conocimos, esa huella de dedos manchados de tinta y reportajes que nos llenaban de expectación y palabras. Cuando publicar era algo a tomar en serio, y en todos los hogares había un ejemplar, cada cual según sus gustos y tendencias políticas. 

Sigo bajando cada mañana al kiosco a comprar el periódico, da igual la ciudad en la que me encuentre, normalmente en Madrid o en Oviedo. A veces más de un ejemplar distinto. Algunos kioscos que conocí ya no existen, otros se mantienen ahí impertérritos en mitad de la calle, como desafiando el ocaso, sabiéndose los últimos resistentes de un mundo, el suyo, que se desmorona.

Por mi parte, también tengo interiorizado que el día que desaparezcan los libros de papel, los periódicos impresos lancen su última y póstuma tirada y cierren las salas de cine convencionales, yo también bajo la persiana.

29 de enero de 2025

Sobre colonias e imbéciles floridos


Contemplo asombrado en RTVE (dos cosas que suelen ir juntas, el asombro y la tele pública) a Rodrigo Cuevas, etiquetado como artista multidisciplinar (pero no precisamente Da Vinci) cuyas virtudes y talentos me son ajenos, pero que es conocido por la adaptación de canciones del folclore asturiano, su indumentaria carnavalesca y su militancia en la ultraizquierda. 

En este programa, Cuevas reflexiona (es un decir) sobre los problemas del mundo rural, la feroz desigualdad entre Comunidades donde algunas son premiadas en detrimento de otras (no se refiere a Cataluña) y expone, totalmente serio, que España no sólo tuvo colonias en el exterior (lo que ya es una muy personal visión del imperio de ultramar), si no que "también es un estado colonial con el interior". Ahora. En el interior. O sea, pueblos ajenos a lo español y sus esencias, sometidos por la barbarie de la Constitución del 78, que dio al tuntún nacionalidades históricas, pero algunas son más históricas que otras. Y más nacionales.

Y eso, en vez de causar el desconcierto y la desconfianza en el simpático comisario Fortes (el proveedor de alfalfa sistémica) es recibido como algo a tener en cuenta, con la sobriedad y el interés de quien está diciendo algo sensato o inteligente, conmovedor discurso a favor de los pueblos subyugados. La validez que le da Fortes es descaradamente heroica por parte del presentador, amén de un evidente despropósito

Porque claro, ya empieza a chirriar que en la tele de todos (ja, ja) y con dinero del contribuyente, se dé espacio y voz a auténticos zotes que gorgotean hechos mezclados con fantasías, mitos, disparates e invenciones que añaden a su ruralismo de oropel. Mismo dinero del ciudadano del que pasta sin rubor todo el artisteo vacuno que se arrima mansamente a partidos nacionalpopulistas (no son ni han sido nunca socialdemócratas).

El nacionalismo asturiano tiene su escaso pero belicoso potencial en el uso político que se hace de la identidad cultural, parapeto de tanto caradura, y azuza sin complejos populismos regresivos. Seguramente los asturtzales están convencidos de que de la lucha de estrella roja sobre bandera azul nacerá ese país descolonizado, sin españoles explotadores, donde se impondrá la república, el bable y el socialismo.

Sueñan los tipos como Cuevas con una Asturias aislada a salvo del moderno industrialismo destructor, viviendo una existencia bucólica y rural, calzado con madreñas. Pues vale. Pues muy bien. Pero siempre da algo de pudor contemplar cómo alguien se refocila en la ignorancia, como un puerco en una charca.

Por lo visto, las sandeces de párvulo que transmite el voluntarioso Cuevas son bastante celebradas entre los adeptos, o al menos lo suficiente para que se le tenga en cuenta, lo que demuestra que la popularidad no es siempre un buen indicio para decidir la justicia de una causa.

La cuestión de fondo, la que más chirría, es la relatividad de todo esto, el posmodernismo líquido donde nos quieren hacer creer que es lo mismo Juana que su hermana, Cuevas que Bueno.
En definitiva, que todas las opiniones tienen el mismo valor, que cualquiera puede ser llevado a un plató para que diga lo que tengan que decir; como si fuera igual lo que barrunta ese mentecato a las premisas de quienes han dedicado su vida a la defensa, el estudio y la difusión de la lengua española. Por ejemplo. O a la Historia con mayúsculas, y no a las futilidades perrofláuticas de quien ha aprendido historia leyendo eslóganes en pegatinas. 

Así es normal que se confunda el legítimo amor al terruño con el retroceso hacia el provincialismo más primario, enunciando una forma retórica de posesión que lleva a las personas a perder la lucidez, pues son ideologías dañinas, apelan al sentimiento tribal y se tornan rápidamente en puro oscurantismo, en dogma identitario que se vuelve un acto de fe.
Como el que hay que obrar para escuchar a ciertos floridos analfabetos sin perder la compostura.


14 de enero de 2025

Este muerto está muy vivo


Artículo publicado originalmente en La Nueva España.

Es incuestionable que Franco está de moda. Más presente que nunca, a lo José Antonio en la memoria de los viejos camisas viejas. Pedigrí para nostálgicos, como la gira final de Joaquín Sabina. Y un lujo que se nos concede a los que ya nacimos después del 75 y no pudimos ser contemporáneos de aquella evitable y larga agonía y ese país de luto y miedo. Un último vals, amigos.

En este año 2025 que alborea, el Gobierno, dispuesto a rematar por fin la Guerra Civil para que esta vez la balanza se incline del lado correcto, dedicará al difunto dictador un centenar de actos para celebrar que hace medio siglo (más de lo que estuvo al frente el país) murió de flebitis en la cama de un hospital de la Seguridad Social. 

El franquismo funciona hoy como proyección de todas las neuras de una sociedad de ansiolíticos que tiene que buscar en el pasado las sombras que acechan con peligro en la actualidad. Vuelve Franco como volvió Nosferatu a los cines, porque los iconos del mal en la cultura popular conviene rentabilizarlos de vez en cuando. Sacarlos de paseo, hacer caja y volverlos a guardar en la ídem. 

Mover el espantajo del dictador sale rentable al Gobierno socialista, con esa solemne falta de vergüenza tan característica, ese rictus socarrón, entre jocoso y cínico, que nos otorga Sánchez de vez en cuando, en esas intervenciones en la que se regodea de su impune desfachatez.

Se gusta y lo disfruta. "Os vamos a dar antifranquismo de garrafón hasta en el carnet de identidad", piensa, guasón, mientras se dispone a convertir la Historia en un folclórico y esperpéntico acto de propaganda política.

Como el dictador lleva ya 50 años muerto (y los que le quedan, a este paso) la izquierda sistémica que siempre se ha opuesto a él a posteriori (lanzada a moro muerto no se puede decir, por racista y políticamente incorrecto) nota un vacío de antagonista, y por eso necesita llenar ese hueco inventándose burdos sucedáneos. Lo que no deja de ser un empeño paródico.

Hay algo bochornoso y degradante en la contemplación de gente ya bien criada, con sus 30 o 40 tacos y canas en las gónadas, etiquetando todo lo que se salga de su raquítico marco mental como ultraderecha, fascismo, muro, fango.
Al tratarse de pobres diablos con escaso vocabulario y nula capacidad expresiva, no saben describir lo que sienten o lo que creen percibir, entonces todo es franquismo, facha, caca. Esa deposición de odio del que desprecia lo que ignora.

Y en este nuevo año tan intenso que se avecina, el énfasis con el que se recordará a Franco será directamente proporcional al interés por tapar bajo un vendaval de pútridos huesos del pasado la corrupción del presente. Y para acordonar en el rincón del franquismo a media España, es decir, PP y Vox, que no irán a los actos, y de paso colocar en ese eje del fascio al Rey, que ya no se escapa ni dando saltos. Lo tienen bien pensado.

Lo que no se puede negar es que a este país le han pillado la medida, todo el aparato de partido y sus mariachis mediáticos a sueldo.
Cuando empezaron a salir (en tabloides digitales, decía el mastuerzo) las investigaciones sobre el caso de Begoñísima, Sánchez se marcó una Carta a la Ciudadanía que conmovió a los espíritus más sensibles (hizo llorar a Almodóvar, con eso está todo dicho).


Para colar una fuerte subida de impuesto en el 1 de enero, dejó a la gente entretenida mordiendo el anzuelo del indescriptible aquelarre con dinero público de Puerta del Sol y obesa con estampita.

Y ahora que lo que queda en pie de la Justicia independiente cierra el círculo sobre los casos de corrupción de la PSOE y su entramado de mascarillas, maletas, malversación, meretrices y mamoneos varios, se sacan sus 100 actos contra el franquismo, de los que tenemos que sentirnos muy contentos y agradecidos, y darnos cuenta de todo lo que hemos ganado en libertad y prosperidad desde entonces, en gran medida por el buen hacer del Partido Socialista, 140 años de honradez.