7 de diciembre de 2025

Activistas contra Newton


Artículo publicado originalmente en La Gaceta

Me asalta un titular de Público, uno de esos panfletos para gente intelectualmente vulnerable, que dice tal que así: "Colectivos antirracistas acusan al Gobierno vasco de ceder al discurso de la ultraderecha al informar sobre la procedencia de los detenidos por la Ertzaintza".

Lo primero que hago es verificar que no sea una cuenta parodia, de esas que tanto abundan y que, en clara intención de ridiculizar a nuestro gobernante bloque de progreso y a sus terminales mediáticas, a veces se vuelven indistinguibles de las oficiales, generando confusión y ruido.

Tras la pertinente comprobación, me veo fascinado una vez más por el espectáculo de una ideología reducida a la categoría de mera caricatura. Algo sorprendente pasa con los proclamados antirracistas. Si los datos no son los que ellos desearían, quieren imponer que se oculten. Enterrados en el silencio oficial para no estropear el relato del que chupan.

Oponerse tozudamente al conocimiento documentado no va a servir para que algo mejore o se dejen de cometer delitos, al igual que puedes estar en contra de la ley de la gravedad, pero la manzana va a seguir cayendo.

Exigen contar algo sin decir toda la verdad. Si la realidad no nos conviene, impugnamos la realidad. Porque, ya lo habrán adivinado, la información, desoladora y fríamente expuesta como titulares, datos y estadísticas, es racista.

Hay una emblemática escena en La vida de Brian en la que un personaje, un hombre con autodeterminación de género que exige ser llamado Loretta, quiere además dar a luz, y ante la incredulidad de sus correligionarios, que le explican que la ausencia de matriz al ser varón biológico le impide gestar al niño (salvo que lo haga en un baúl) la mujer del grupo trata de romper una lanza a su favor, y razona que aunque no pueda dar a luz, puede aceptarse su causa como un símbolo de la lucha contra la opresión, a lo que el más sensato de todos apostilla: "es un símbolo de su lucha contra la realidad".

Lo que piden estos mendrugos es que las informaciones se sigan dando pero sesgadas. Informar pero poquito. Con circunloquios y acrobacias verbales. Ya sabe. Un joven. Alguien hizo algo en alguna parte. Una persona venida de un sitio de cuya procedencia no podemos especificar. Con el consiguiente silencio, por supuesto, de los políticos y fauna adyacente cuyo sueldo y puesto dependen de venderle a la gente el esplendor en la hierba, y sigan caminando que aquí no hay nada que ver. 

Si la Ertzaintza se empeña en dar la información completa, estos colectivos invitan a la sociedad a actuar simplemente como si la información no existiera. U oponerse con firmeza y tesón a ella, aunque volvemos a Newton y la manzana. 

Una forma muy común de luchar contra el fascismo es aplicar de forma contundente la censura. Si usted, señor agente, sigue empecinado en dar todos los datos, no nos quedará otro remedio que invitarle a que cambie de actitud. Y tendrá que dejar de decir esas cosas, por las buenas o por las malas. No querrá que le señalemos como ultraderecha. Que aparezcan pintadas en la puerta de su casa. O que le pase algo a usted o a su familia.

Estos sórdidos activistas prefieren meter la sesera bajo tierra y que la gente siga viviendo en un mundo ignoto, sin proporcionar las herramientas suficientes para que puedan sumar dos y dos. Como si eso bastara para mantener al personal agilipollado, sin ser conscientes de la verdad de lo que les rodea y atañe. 

Son tan obtusos y fanáticos que en un radiante día de verano, a las cinco de la tarde y con un sol cegador, ellos pueden mirar al cielo, arrugar la nariz, y decirte que es de noche. Si tú observas la luz estival reflejada en el agua, y tratas de aseverar, incrédulo, que sigue siendo de día, serás de forma inmediata catalogado como facineroso.

Ejercen con maestría desvergonzada el vivir al margen de la realidad sin que ello suponga ningún obstáculo. La connivencia con el delito es su estado natural, y aunque tú puedas aludir que ante cualquier hecho noticioso, es obligación del comunicador informar si el implicado es de Bedelia o de Argelia, ellos nunca dirán que eso es estigmatizar a los orensanos, así que habrá que preguntarse quién es el racista.

Los colectivos acusan al gobierno vasco, lo que es irónico, ya que el PNV es de orígenes profundamente xenófobos, pero porque son herederos intelectuales (es un decir) de Sabino Arana, aquel pirado prenazi.
El País Vasco tiene un problema grave, con localidades en situación crítica en cuanto a inseguridad, y es algo que trasciende a otras zonas de España.
Querer que la autoridad se autocensure sólo retrasará más una situación insostenible, que tarde o temprano terminará desbordando todo desesperado intento de tapar el sol con un dedo. Y algo me dice que, cuando violan a tu hija o atracan a tu hermano, de poco sirve ese burdo chantaje de llamar a todo el mundo facha.

19 de noviembre de 2025

Para poner en los institutos


Artículo publicado originalmente en La Gaceta

Ha tenido bastante impacto la entrevista de Xabier Fortes, fiel comisario político-mediático del ente público manejado por el sanchismo, al historiador mexicano Fernando Zunzunegui. Tras el espectáculo brindado, al gallego le han llovido tantos palos por todos lados que parecía una piñata, y el pobre diablo contestaba de uñas en redes sociales, defendiéndose como gato panza arriba, sin querer aceptar el ridículo al que se vio abocado por su propia incapacidad y, para mayor oprobio, en su propio terreno, mojándole la oreja en la que de momento es su casa. 

Porque son bastantes los que ya han escrito en profundidad desmontando la versión labrada por nuestros enemigos históricos (Iván Vélez, María Elvira Roca Barea, Marcelo Gullo) pero ninguno había ido a TelePedro a darle con el libro en los morros a uno de los más notorios propagandistas. Zunzunegui llegó, vio y triunfó. Sin perder en ningún momento la compostura.

No soy de dar la lanzada al árbol caído (o algo así) pero esto había que saborearlo, porque en un contexto de apisonadora mediática de la izquierda y lucha por imponer su relato, siempre está bien que disfrutemos de pequeñas victorias intelectuales, aunque el rival sea de tan poca entidad.
Es noticia por lo novedoso, ver en TVE una defensa semejante de una visión hispanista rigurosa, allí donde normalmente imperan la demagogia, la desinformación y la carroña de trinchera.

Uno casi siente compasión por el lastimoso inútil de Fortes, sudando en frío cuando tenía delante a una persona preparada que sabe de lo que habla, y no a uno de los políticos zascandiles de discurso prefabricado, de los que le suelen mandar para que les pase un poco la mano por el lomo, acompañado a veces de otros periodistas igual de serviles al poder, que dejan la marca RTVE como una sucursal más del PSOE.

Fortes, con su indisimulable gesto de garrulo montaraz, intentaba contragolpear pero de manera torpe e ineficaz, ya que en frente no tenía a otro lacayo llamado a plató a esputar la versión gubernamental y repetir el catecismo oficial, sino a un historiador libre, independiente y formado, que de manera educada pero contundente iba desarmando los clichés y prejuicios que le servía el presentador, como balones toscamente entregados al rival.

Una entrevista que debería ser de visión obligatoria en los institutos, como ejemplo de desmontar con datos y eficacia una historiografía mendaz que ya chirría, y también para que los jóvenes vean a un lambiscón del Gobierno hacer el ridículo con todas las de la ley, pero sin otro culpable que él mismo. Alguien debería haber parado aquello a tiempo, porque cuando acabó, al supuesto periodista no le quedaba ni un ápice de dignidad, tras semejante soba.

Con los cambios que están experimentando nuestras formas de relacionarnos con el pasado, donde ya no se acepta con plácida mansedumbre versiones oficiales pergeñadas por sibilinos hispanófobos y acomplejados dogmáticos, con una visión parcial y torticera de una historia compleja y llena de claroscuros, cada vez más personas saben que lo que creían cierto no eran más que construcciones maniqueas realizadas por las potencias enemigas en el pasado, y por la izquierda endófoba en la actualidad. 

Contar el Descubrimiento y conquista o la Guerra Civil como una narración simplista de malvados e inocentes, de saqueadores y saqueados o fascistas y demócratas, supone un ataque directo a la más elemental inteligencia del receptor.
Desde el marxismo cultural sienten una malsana atracción por todo lo que implique demonizar España, y eso conlleva magreos con bilduetarras y discursos enajenados sobre plurinacionalidades disparatadas.

Frente a la izquierda cochambrosa que compra y difunde sin pudor la leyenda antiespañola, reivindiquemos y hagamos bandera de la humilde y noble entereza de un mexicano defendiendo en soledad la gran epopeya de la hispanidad.

16 de noviembre de 2025

Son sus chicos


Artículo publicado originalmente en La Gaceta

Son los de la batalla campal en la universidad navarra del otro día, se llaman Gazte Koordinadora Sozialista (GKS), van de negro (inspiración de la Marcha sobre Roma, supongo), Otegi les parece un carcamal burgués demasiado integrado en el sistema y Vito Quiles un peligroso fascista. Es verdad que al Arnaldo terrorista, al Arnaldo secuestrador, le gustaba jugar a la ruleta rusa con su rehén, y el asesinato de Miguel Ángel Blanco le pilló relajándose en la playa, pero a estos cachorros del independentismo radical vasco, el currículum de una vieja gloria no les impresiona, y seguramente no sepan quién era Blanco, porque no habían nacido y no son jóvenes muy propensos a los libros, a documentarse, o a cualquier tipo de inquietud que no sea la violencia, el calimocho y el despropósito ideológico.

En el campus, además de enfrentarse a la policía y reventar una conferencia (la libertad de expresión no es antifascista) la emprendieron a golpes contra un periodista, le arrearon entre cinco, porque si algo sabemos de estos hijos de la endogamia, es que no hay en España grupo político ni humano más cobarde que los abertzales, sólo emparejados con las ratas de cloaca. 

De sus hermanos mayores, los etarras, era conocida su tendencia a perder el control de los esfínteres en el momento de la detención. Uno de los casos más notorios fue el del Carnicero de Mondragón, que el GAR lo encontró en Hernani escondido dentro de un agujero en una habitación, y se había hecho las deposiciones encima. Es verdad que de aquella el GAR solía tirar a matar, aunque poco lo hizo, para mi gusto.

Nuestra izquierda más detestable de lo que ellos mismos llamarían "estatal" aplaudieron la labor de los encapuchados de Navarra como un heroico acto de resistencia antifascista. Ellos reflexionan (es un decir) sobre la importancia del enfrentamiento, de pararle los pies a la ultraderecha, aunque la ultraderecha sea una conferencia de un chaval en camisa o un periodista con una alcachofa al que mandaron a currar allí.

Dentro de unos días se cumplirá medio siglo de la muerte de Franco y siguen los zumbados agitando espantajos que ya sólo habitan en sus seseras. Hoy en día, ese sobado antifascismo únicamente es un salvoconducto para aglutinar a mermados, adolescentes desamparados con el núcleo familiar reventado, tontos de babero sin muchos objetivos vitales, chavales pirando clase en el instituto y nostálgicos de la hoz y el martillo que nunca han cogido una pala o un taladro.

Se convocan siempre para hacer multitud y hacen de cualquier intento de debate público una atmósfera insostenible. Dentro de su limitadísima percepción de la realidad, sólo pueden hablar los que ellos consideren, y la única noción de intercambiar ideas es darse la razón mutuamente en una herriko taberna, o cualquier antro ultraizquierdista de mala muerte de esos con un montón de pegatinas por las paredes y olor a bayeta de fregar.
Se remueven entre populismos regresivos, el provincialismo más primario, el subidón de la cacería y el sentido de pertenencia cuando van en manada.

Esto ya pasó hace años (qué viejos nos estamos haciendo) con Rosa Díez y los que luego fundarían Podemos. Fue en Madrid y en una versión menos violenta, pero en un sitio que era una sucursal de los batasunos en la capital. Los comunistas en Madrid, desde la era ZP y el fin de los asesinatos, muestran una abierta simpatía y mutua complicidad con la izquierda abertzale, sobre todo ahora que están en el Congreso.

También el estrambótico dúo de los Iglesias-Montero hablan mucho del antifascismo y esa retórica exaltada de lucha y combate, aunque en cuanto notan algún movimiento cerca llaman al GRS, porque las pulsiones revolucionarias son mucho más provechosas cuando tienes a la Guardia Civil de tu lado.

La triste novedad, síntoma de estos tiempos, presumo, es que antes los abertzales, los batasunos del entorno de ETA, tenían el apoyo de los suyos, en sus nichos y fortines, y poco más; en la sociedad española había un consenso donde se rechazaba ese delirio supremacista de los zumbados legatarios de Sabino Arana y sus gudaris palurdos homicidas.

Pero ahora, esa escisión revoltosa de Sortu, con un radicalismo activo que ha vuelto a brotar gracias al blanqueamiento y al pacto PSOE-Bildu, tiene la simpatía de cualquier pelafustán de, yo qué sé, Sanlúcar de Barrameda y afiliado a IU, que da palmas con las orejas y celebra lo que pasó en la Universidad de Navarra, más contento que si el RKKA hubiera izado la bandera soviética sobre Berlín. 

Y eso va desde ese afiliado gaditano hasta tertulianas analfabetas de berrido en televisión, pasando por tuiteros anónimos que vuelcan sobre la red sus miserias hasta llegar a ministros del Gobierno. Porque ese ruido y ese desorden violento vendido como freno a la ultraderecha le viene genial a Pedro Sánchez, partidario de agudizar las cosas y enfrentar, ponerlo todo en el punto de ebullición que le gusta a él, que es al máximo. Nos conviene que haya tensión, decía su mentor. Y, a fin de cuentas, los encapuchados de las agresiones son sus socios. Son sus chicos.

7 de noviembre de 2025

Contra las mujeres (II)



Artículo publicado originalmente en La Gaceta

Lo peor del caso de la manada de Pamplona de 2016, en un suceso donde ya de por sí todo es malo (por zafio, por vulgar, por corrosivo, por sórdido, por populista) es que sirvió para cebar los programas especuladores del amarillismo vendiendo estiércol televisado, y también la furia de las masas, en una sorprendente representación callejera de ira y cólera contra jueces, cuando ni siquiera había salido publicada la sentencia. 

Fue un punto bajísimo de inflexión donde se dejó de actuar como un país maduro, o mínimamente civilizado, y se dio rienda suelta a los más viles instintos, los de los tribunales populares y linchamientos colectivos. Los de las verduleras y los campesinos que van a tirar frutas y hortalizas podridas a los acusados, camino del patíbulo medieval. 

Vimos turbas movidas por grandes intereses, creyendo que las condenas las dictan las calles vociferantes. Evidentemente el frenético feminismo oficial, el único que se puede profesar de forma imperativa, se frotó las manos y quiso dar rienda suelta a sus elaborados eslóganes donde, en esencia, todos los hombres son violadores en potencia y todos los jueces machistas en ejercicio. Y fachas.
Aquello fue un espectáculo que impactó por lo aberrante. Netflix realizó un documental, porque saben a qué público dirigen su telemierda. Hasta una ley sacaron las folclóricas activistas metidas a políticas y legisladoras, con los resultados que todos sabemos.

En la manada navarra de 2025 no hay manifestaciones de exaltados, políticos pescando en el río que ellos revolvieron ni, al aparecer, alarma social ante el terrorismo machista. El único motivo es que a la chica no la violaron los hombres correctos para el negocio. Si no hay rédito político y mediático, la víctima importa una higa. 

La chica, violada y robada por cuatro magrebíes (tres de ellos con orden de expulsión), fue encontrada semiinconsciente bajo un árbol, en el asentamiento ilegal donde los cuatro malvivían entre desperdicios y que era un punto de venta de droga. En el Ayuntamiento de Bildu, que gobiernan gracias a sus compinches del PSOE, tenían conocimiento de ese campamento, pero los proetarras no movieron un dedo.

En los canales y redes oficiales de las que han hecho del ultrafeminismo un modo de vida resuena un silencio que impresiona. Como si nada hubiera pasado porque, de cara a sus intereses, no ha pasado nada. Cuesta asimilar tanto rastrerismo, tanta hijoputez. Porque manadas similares han sido una constante desde ese lejano 2016. Más de las que se podrían asimilar si llegaran al gran público.
Violaciones brutales y salvajes, con un denominador común. Muchas no trascienden, de otras nos enteramos los de siempre. Y lo que son los políticos progres, si se enteran, no dicen ni Pamplona.

Seamos sinceros. Una sociedad donde una presentadora millonaria de un programa estrella, ante al apuñalamiento de un bebé, su primera reacción es lamentar que eso sea "un regalo para la ultraderecha" es una sociedad profundamente enferma. 

Sigamos siendo sinceros. Un ministerio que funde millones de euros del contribuyente en auténticas chorradas, y no mueve ni una ceja ante las violaciones constantes de las mujeres de su país, es un ministerio que no tiene que ser cerrado. Tiene que ser dinamitado, con una detonación programada, controlada y monitoreada en tiempo real. Y declarar el solar como suelo no urbanizable, para que no se pueda volver a construir nada parecido en el lugar.

Un profesor y militante de Izquierda Unida (combinación que se da bastante) de Orense está huido y en busca y captura por la violación de una menor de edad, en abusos continuados en el tiempo, durante al menos cuatro años, desde que ella tenía 12. 

El exlíder de En Marea tuvo la complicidad de tres profesoras que no creyeron a la chica y la invitaron a marchar del centro educativo "por si se suicidaba". La chica terminó abandonando el colegio por presiones del entorno escolar y de la dirección, que se pusieron en todo momento de parte de su violador. 

Martiño Ramos era de izquierdas, y cuando esto ocurre, ni hay hermanas, ni te creen, ni nada que ver ahí, en ninguna plataforma.
A la menor le ha destrozado la vida (ingresos en Psiquiatría y 34 kilos de peso) y el podemita sigue en paradero desconocido. Huido con la complicidad de, al menos, tres mujeres. Mujeres contra mujeres. Y de nuevo, por no ser violada por la persona correcta. Digieran como puedan esta información.

29 de octubre de 2025

No se habla del tema


Artículo publicado originalmente en La Gaceta

Ahora que se acerca la Navidad (es decir, estamos a las puertas de noviembre, cuando ya empieza todo el artificial show en las grandes ciudades; cada vez antes, cada vez más estridente) volverán los chascarrillos habituales sobre las hipotéticas conversaciones políticas en la mesa de los fastos. Porque la prima es perroflauta y el abuelo estuvo con 17 años en el frente de Brunete, o porque el cuñado, que nunca trae nada cuando juega de visitante, tiene ideas comunistas y encima felicita el solsticio de invierno, el muy bobo.

Pero la cuestión, más allá de nuestra entrañable España de cainismo y villancico, de mazapán y puñalada trapera, de discutir hasta por la composición de la tortilla de patata, es que en cada vez más ámbitos es recomendable, como forma de educación pero también como medida preventiva, que no se toque "el tema". El tema, amigos, es tabú, es un susurro en un convento, es una confesión a escondidas en las alcobas, es aquello que no se dice pero se siente. 

Y eso que durante las pasadas vacaciones estivales la canción del verano fuera aquella en la que se ponía en duda la virtud de la madre de nuestro presidente, en una estrofra refranística sin muchas vueltas, contundente y pegadiza, de una estructura poético-musical de corte folclórico. Dicen que estamos polarizados, así que, siendo el hombre un animal comunitario, con tendencia a juntarse con otros semejantes, lo mejor es pisar con tiento. Los individuos más ecuánimes y sosegados evitan una situación comprometida, normalmente porque ya hablan donde tienen que hablar.

En grupos de amigos, de trabajo (no tienen que ser lo mismo, afortunadamente), de gimnasio, asociaciones de padres y madres (AMPA se llama ahora, como mi prima) o en una reunión social donde te puedes sentir un poco desubicado, como Woody Allen en sus películas perdido en un mundo demasiado inestable y caótico, ya se evita (salvo en círculos de mucha confianza y donde todos se escoren del mismo lado) sacar a relucir nuestra convulsa situación política. 

Porque realmente nunca sabes el sentir del otro, el que te acaba de quitar el canapé o comparte cerveza y barra; y en cualquier lado puede haber un sanchista agazapado, pues parece improbable que se hayan esfumado de golpe los 11 millones de votantes. Y sabemos lo desagradable que se pude tornar una conversación en una reunión que se anticipaba pacífica, si nuestro interlocutor es de mecha corta, ideas al pelo y no más de dos dedos en el frontal.

Los sanchistas no son cosa a tomar a broma. Inaccesibles al razonamiento, viven en una especie de mentira obcecada y rectilínea. Sus mundos están labrados a base de muchas horas de distopía orwelliana engullidas visionando el ente público y los más plurales medio de comunicación privados, pero adscritas al oficialismo, que es el que les soba el lomo. La pluralidad consiste en que unos son de izquierdas y otros de ultraizquierda.

En esos mundos sanchistas no hay una banda dedicada sin complejos a extorsionar, sobornar, malversar, enchufar, mentir y robar. Todo es una felonía urdida por la extrema derecha, una entidad más allá de las instituciones y de la ley que tiene como objetivo amargar la vida a los honrados socialista, sean políticos profesionales o votantes vocacionales. La extrema derecha sería como el malo en las películas de James Bond, y Pedro El Guapo, pues eso, 007, licencia para matar. Para reventar fachas, como decía el otro zascandil.

Hay quien tiene un olfato envidiable para detectar progres, merma, sindicalistas, veganos, sanchistas y biodiversidad de ese tipo, y se coge una distancia prudencial y hablan del tiempo, como en un ascensor. Pero si uno apenas puede reconocer ciertos patrones o no tiene esa afilada intuición, igual cree que está dialogando con una persona normal y resulta que el fulano piensa que Bildu es un partido igual de homologable (incluso más) a Vox, por decir una barbaridad. O que los de la flotilla mediterránea rumbo a Gaza estaban enrolados para detener un genocidio.

Como las personas no hablan para argumentar y tratar de convencer, si no que simplemente se hace como que se escucha al otro mientras se espera a que termine para poder soltar tú tu contragolpe, es mejor discernir sobre la gastronomía, los hijos, las mujeres y hombres, amantes (si los hubiera) o la cría del berberecho salvaje.

Porque al español, en el fondo, no le gusta meterse en berenjenales, y cuando ve una bronca de bar se suele hacer a un lado y darse el piro, salvo los muy morbosos que quieran ver volando las hostias, lo normal es que no te guste ser testigo de situaciones tensas y molestas, de gente pegándose por embriaguez, por fútbol, porque son de Futuro Vegetal, antitaurinos, o porque has rozado a mi novia al pasar.

Lo mejor, en casos en que se identifique a un sanchista sobrevenido, es no abrir la boca para confrontar ni contrariar, ni siquiera con comentarios irónicos o crueles. Él va a seguir pensando lo mismo, no va a cambiar nada por un intercambio de pareceres, así que lo mejor es poner tu mejor cara, sonreír, y por dentro pensar: "Madre mía, no te hacía yo tan imbécil".


Empacho de mala historia


Artículo publicado originalmente en La Gaceta

Fue Cicerón el que dijo, advirtiendo sobre el peso de la historia, que "la ignorancia de lo que sucedió antes de que naciésemos nos convierte en niños eternos". En una sociedad apegada al presente más efímero y donde el gran cambio es la cotización al alza de la estupidez, es normal verse rodeado de cada vez más infancias perpetuas.

Las acémilas bípedas que lanzaron pintura contra el cuadro Primer Homenaje a Cristobal Colón, del Museo Naval de Madrid (uno de mis preferidos, en cuanto a museos navales, incluso en cuanto a museos a secas) no tienen una ignorancia de la historia al uso, sino un empacho de mala historia. En vez de una visión académica, historiográfica, ecuánime y lúcida, se han atiborrado de historia en su vertiente propagandística, ideológica, mitinera, visiblemente trastornada.
Ese acto vandálico funciona como un espejo turbio del presente, de nuestras grietas más visibles, de juventud que se presentaba como la generación más preparada para culminar en una especie de talibanes con dilataciones y bono de metro.

Soy aficionado a la irreverencia y me llaman mucho la atención estas actitudes y sus nulas consecuencias, lo que sin duda anima a otros igual de zumbados que ellas a atentar de nuevo contra el patrimonio cultural. Luego posan orgullosos, diciendo que lo volverán a hacer, dejando que se fotografíen y conozcan sus caretos, como algo superior a cualquier clase de pudor o reparo sobre la propia ignorancia.

Creo que estas muchachas de Futuro Vegetal (ojalá) tienen disonancia porque ven a Colón como una incoherencia cronológica. Eso las confunde. Lo acusan de genocida, pero es un término que se estableció formalmente tras los juicios de Núremberg y que lo ha puesto de moda la guerra en Gaza, como palabra fetiche entre los faltos. Quieren que hechos del siglo XV se ajusten como sea a sus neuras del XXI, y claro, eso entra muy con calzador.

Tal vez proyecten sobre el marino genovés la ausencia de figura paterna, los fracasos sentimentales y sus expectativas del poliamor, la angustia de la juventud, la precariedad laboral, la ansiedad climática, el sufrimiento animal de las gallinas violadas, o vayan a saber qué. Se quejaron de que pasaron hambre en comisaría (les ofrecieron carne y pescado) y son estas las partisanas que quieren combatir a la ultraderecha y frenar genocidios, con esa actitud pusilánime, donde no aguantarían una noche en el frente con una lata de anchoas.

Para seguir con el gamberrismo más turbulento, la Universidad ha pasado de ser un lugar donde rebatir a quien no piensa como tú a reventar al que opina diferente. Fíjense en la UAB. Hay quien considera Cataluña el mayor manicomio a cielo abierto, donde se piden selfies a Otegi y jóvenes constitucionalistas de S'ha acabat representan el fascismo más intenso, y tienen que ser repelidos de forma violenta. Razonar nunca ha entrado en la ecuación, para quienes han sido educados en el fanatismo y el odio. En Cataluña han cogido las peores artes borrokas de las vascongadas. Es como, si además de los delirios supremacistas, copiaran todos los tics totalitarios y se los incorporaran al acervo genético.

En la España ominosa donde un entonces futuro vicepresidente se emocionaba al ver apalear policías (aunque luego rogara por la presencia de la siempre cumplidora y resignada Guardia Civil para la protección de los muros del marquesado) la izquierda lleva muchos años resolviendo sus dilemas intelectuales a golpe de coz. 

La ingeniería social centrada en los más jóvenes, la división identitaria y el agitprop garbancero de pancarta de sindicato de estudiantes ha creado papilla cerebral donde se les amontona paladas de estiércol que claro, después ese mejunje encefálico se lanza contra un cuadro en un museo, o se ataca a alguien que va a una Universidad a dar una charla. Con los que mandan, a resguardo y en sus despachitos, sonriendo complacientes, dejando que sus muchachos más díscolos hagan el trabajo sucio.

14 de octubre de 2025

Contra las mujeres



Artículo publicado originalmente en La Gaceta

Una de las muchas causas que abandera la colación del verdadero progreso es la del feminismo. El suyo. Sobre el término, sus connotaciones, la industria empresarial alrededor y la mercantilización de las tragedias se ha escrito mucho y casi siempre muy bien, así que no creo que pueda rascar nada nuevo a ese respecto; aunque los disparates en este país siempre se renuevan para arremeter con inusitada fuerza. Te asomas a las noticias como el que se asoma al abismo.

Sí que parece evidente que todo el entramado gubernamental y sus apéndices mediáticos está diseñado para ir en contra de las mujeres. De forma frontal, descarada, con saña. Las quieren dogmatizadas, beligerantes en las causas institucionales, fáciles de pastorear. Nacieron políticamente para obedecer, callar y ser constantemente víctimas.

Y en ese aire de nihilismo moral, a la mujer no se le puede explicar las consecuencias que acarrea un aborto, aunque hasta las cajas de aspirinas vienen con un prospecto alertando de los posibles efectos adversos. Tienen que poner un aviso en las series y películas en las plataformas de streaming si va a salir lenguaje malsonante, desnudos, violencia física y verbal, drogas y otras abominaciones contra las que lucha el clero woke; pero no puedes recibir información sobre lo que puede suceder en tu cuerpo y en tu mente tras un aborto. Eres mujer, y por lo tanto, papá Estado socialista sabe lo que es mejor para ti. En este caso, lo que no tienes que saber.

La ciencia es algo misterioso, hoy en día no se puede afirmar nada con absoluta certeza, ya que vivimos en tiempos de tamaño relativismo, que puedes decir, verbigracia, "el sol sale por el este", y alguien se acercará y te replicará: "bueno, ésa es tu opinión". Por eso tampoco son capaces de decir lo que es una mujer. Algo, alguien, todo, nada, a saber. Un ente. Una afirmación. Un constructo social. Mujer es quien dice serlo. Como si yo digo que soy Angie Dickinson.

La izquierda turuleta le quiere hacer creer a las mujeres que lo moderno y lo cool, lo de verdad progresista, es ponerse la pestífera kufiya y salir a pegar berridos a favor de ese enclave palestino, vociferando consignas antisemitas. Esa alianza delirante de feminismo radical e islam radical, donde la punta de lanza hoy es Hamas, ofrece una desintegración total de la mujer como objeto de derecho, teniendo en cuenta que bajo las más estrictas leyes de la sharía la mujer tienes menos consideración que una cabra. 

Hay un horror arcaico en el integrismo religioso con esa mentalidad sanguinaria que segó la vida de los inocentes del 7 de octubre, las normas civilizatorias por las que nos regimos no sirven de nada bajo el reinado del terror, pero se está muy a gusto manifestándose por la Puerta del Sol, antes de irse a cenar con los coleguis.

Dejan a las mujeres maltratadas a merced de sus agresores con esas pulseritas inservibles, cacharros inútiles cuya negligencia, al parecer, fue por los prejuicios de Irene Montero sobre la empresa israelí. Le pareció poca irresponsabilidad haber legislado a favor de violadores en la calle, mezclando inutilidad con esa desesperante falta de sesera; entre aspavientos, ceño fruncido y fauces abiertas. La suprema arrogancia que exhibe el personaje hace que la inferioridad lamentable de su intelecto resulte todavía más ridícula. Un juguete roto de la política de zanja, buscando causas a las que servir, de Igualdad a Europa, de los machirulos a Gaza, y de ahí a donde sea mientras dé de sí, y luego ya quede lista para ser arrojada a la basura de las cosas que ya han cumplido con sus fines.

Y no hace falta entrar en guerra de datos y batallas de estadísticas (sobre todo porque discutir números es como negar que el agua del cielo cae de arriba hacia abajo o que dos y dos son cuatro) porque la mayor prueba empírica de que las calles son más inseguras es salir a la calle. Lo saben las mujeres, lo saben sus amigas, los saben sus padres, lo saben sus hermanos y lo saben sus maridos o novios.
Hay más miedo a pasear sola por ciertas zona (ya casi todas) con luz y de noche, los espray de pimienta están a la orden del día y las matriculadas en clases de defensa personal y artes marciales no paran de crecer. Eso no es ningún bulo de la ultraderecha ni corresponde a una teoría de la conspiración.

Por eso resulta muy reconfortante cuando hablas con una mujer independiente, culta, inteligente, con una vigorosa fuerza interior y esa serena lucidez de quien sabe lo que quiere; lucidez construida a base de libros leídos, vida vivida con los ojos sorprendidos de mirar y la mente autónoma. Con una aversión instintiva hacia todos los intentos de colectivismo. Ninguna retoza en ese muladar ideológico que tratan de imponer desde el oficialismo. Y saben que, hoy en día, es ese poder el más peligroso para ellas, porque va contra todo lo que las hace libres.