29 de enero de 2025

Sobre colonias e imbéciles floridos


Contemplo asombrado en RTVE (dos cosas que suelen ir juntas, el asombro y la tele pública) a Rodrigo Cuevas, etiquetado como artista multidisciplinar (pero no precisamente Da Vinci) cuyas virtudes y talentos me son ajenos, pero que es conocido por la adaptación de canciones del folclore asturiano, su indumentaria carnavalesca y su militancia en la ultraizquierda. 

En este programa, Cuevas reflexiona (es un decir) sobre los problemas del mundo rural, la feroz desigualdad entre Comunidades donde algunas son premiadas en detrimento de otras (no se refiere a Cataluña) y expone, totalmente serio, que España no sólo tuvo colonias en el exterior (lo que ya es una muy personal visión del imperio de ultramar), si no que "también es un estado colonial con el interior". Ahora. En el interior. O sea, pueblos ajenos a lo español y sus esencias, sometidos por la barbarie de la Constitución del 78, que dio al tuntún nacionalidades históricas, pero algunas son más históricas que otras. Y más nacionales.

Y eso, en vez de causar el desconcierto y la desconfianza en el simpático comisario Fortes (el proveedor de alfalfa sistémica) es recibido como algo a tener en cuenta, con la sobriedad y el interés de quien está diciendo algo sensato o inteligente, conmovedor discurso a favor de los pueblos subyugados. La validez que le da Fortes es descaradamente heroica por parte del presentador, amén de un evidente despropósito

Porque claro, ya empieza a chirriar que en la tele de todos (ja, ja) y con dinero del contribuyente, se dé espacio y voz a auténticos zotes que gorgotean hechos mezclados con fantasías, mitos, disparates e invenciones que añaden a su ruralismo de oropel. Mismo dinero del ciudadano del que pasta sin rubor todo el artisteo vacuno que se arrima mansamente a partidos nacionalpopulistas (no son ni han sido nunca socialdemócratas).

El nacionalismo asturiano tiene su escaso pero belicoso potencial en el uso político que se hace de la identidad cultural, parapeto de tanto caradura, y azuza sin complejos populismos regresivos. Seguramente los asturtzales están convencidos de que de la lucha de estrella roja sobre bandera azul nacerá ese país descolonizado, sin españoles explotadores, donde se impondrá la república, el bable y el socialismo.

Sueñan los tipos como Cuevas con una Asturias aislada a salvo del moderno industrialismo destructor, viviendo una existencia bucólica y rural, calzado con madreñas. Pues vale. Pues muy bien. Pero siempre da algo de pudor contemplar cómo alguien se refocila en la ignorancia, como un puerco en una charca.

Por lo visto, las sandeces de párvulo que transmite el voluntarioso Cuevas son bastante celebradas entre los adeptos, o al menos lo suficiente para que se le tenga en cuenta, lo que demuestra que la popularidad no es siempre un buen indicio para decidir la justicia de una causa.

La cuestión de fondo, la que más chirría, es la relatividad de todo esto, el posmodernismo líquido donde nos quieren hacer creer que es lo mismo Juana que su hermana, Cuevas que Bueno.
En definitiva, que todas las opiniones tienen el mismo valor, que cualquiera puede ser llevado a un plató para que diga lo que tengan que decir; como si fuera igual lo que barrunta ese mentecato a las premisas de quienes han dedicado su vida a la defensa, el estudio y la difusión de la lengua española. Por ejemplo. O a la Historia con mayúsculas, y no a las futilidades perrofláuticas de quien ha aprendido historia leyendo eslóganes en pegatinas. 

Así es normal que se confunda el legítimo amor al terruño con el retroceso hacia el provincialismo más primario, enunciando una forma retórica de posesión que lleva a las personas a perder la lucidez, pues son ideologías dañinas, apelan al sentimiento tribal y se tornan rápidamente en puro oscurantismo, en dogma identitario que se vuelve un acto de fe.
Como el que hay que obrar para escuchar a ciertos floridos analfabetos sin perder la compostura.


14 de enero de 2025

Este muerto está muy vivo


Artículo publicado originalmente en La Nueva España.

Es incuestionable que Franco está de moda. Más presente que nunca, a lo José Antonio en la memoria de los viejos camisas viejas. Pedigrí para nostálgicos, como la gira final de Joaquín Sabina. Y un lujo que se nos concede a los que ya nacimos después del 75 y no pudimos ser contemporáneos de aquella evitable y larga agonía y ese país de luto y miedo. Un último vals, amigos.

En este año 2025 que alborea, el Gobierno, dispuesto a rematar por fin la Guerra Civil para que esta vez la balanza se incline del lado correcto, dedicará al difunto dictador un centenar de actos para celebrar que hace medio siglo (más de lo que estuvo al frente el país) murió de flebitis en la cama de un hospital de la Seguridad Social. 

El franquismo funciona hoy como proyección de todas las neuras de una sociedad de ansiolíticos que tiene que buscar en el pasado las sombras que acechan con peligro en la actualidad. Vuelve Franco como volvió Nosferatu a los cines, porque los iconos del mal en la cultura popular conviene rentabilizarlos de vez en cuando. Sacarlos de paseo, hacer caja y volverlos a guardar en la ídem. 

Mover el espantajo del dictador sale rentable al Gobierno socialista, con esa solemne falta de vergüenza tan característica, ese rictus socarrón, entre jocoso y cínico, que nos otorga Sánchez de vez en cuando, en esas intervenciones en la que se regodea de su impune desfachatez.

Se gusta y lo disfruta. "Os vamos a dar antifranquismo de garrafón hasta en el carnet de identidad", piensa, guasón, mientras se dispone a convertir la Historia en un folclórico y esperpéntico acto de propaganda política.

Como el dictador lleva ya 50 años muerto (y los que le quedan, a este paso) la izquierda sistémica que siempre se ha opuesto a él a posteriori (lanzada a moro muerto no se puede decir, por racista y políticamente incorrecto) nota un vacío de antagonista, y por eso necesita llenar ese hueco inventándose burdos sucedáneos. Lo que no deja de ser un empeño paródico.

Hay algo bochornoso y degradante en la contemplación de gente ya bien criada, con sus 30 o 40 tacos y canas en las gónadas, etiquetando todo lo que se salga de su raquítico marco mental como ultraderecha, fascismo, muro, fango.
Al tratarse de pobres diablos con escaso vocabulario y nula capacidad expresiva, no saben describir lo que sienten o lo que creen percibir, entonces todo es franquismo, facha, caca. Esa deposición de odio del que desprecia lo que ignora.

Y en este nuevo año tan intenso que se avecina, el énfasis con el que se recordará a Franco será directamente proporcional al interés por tapar bajo un vendaval de pútridos huesos del pasado la corrupción del presente. Y para acordonar en el rincón del franquismo a media España, es decir, PP y Vox, que no irán a los actos, y de paso colocar en ese eje del fascio al Rey, que ya no se escapa ni dando saltos. Lo tienen bien pensado.

Lo que no se puede negar es que a este país le han pillado la medida, todo el aparato de partido y sus mariachis mediáticos a sueldo.
Cuando empezaron a salir (en tabloides digitales, decía el mastuerzo) las investigaciones sobre el caso de Begoñísima, Sánchez se marcó una Carta a la Ciudadanía que conmovió a los espíritus más sensibles (hizo llorar a Almodóvar, con eso está todo dicho).


Para colar una fuerte subida de impuesto en el 1 de enero, dejó a la gente entretenida mordiendo el anzuelo del indescriptible aquelarre con dinero público de Puerta del Sol y obesa con estampita.

Y ahora que lo que queda en pie de la Justicia independiente cierra el círculo sobre los casos de corrupción de la PSOE y su entramado de mascarillas, maletas, malversación, meretrices y mamoneos varios, se sacan sus 100 actos contra el franquismo, de los que tenemos que sentirnos muy contentos y agradecidos, y darnos cuenta de todo lo que hemos ganado en libertad y prosperidad desde entonces, en gran medida por el buen hacer del Partido Socialista, 140 años de honradez.

28 de diciembre de 2024

Nosferatu


En una escena de La Bruja se realiza una incisión en la sien del hijo poseído como tributo de sangre purificadora más que como remedio médico casero, en una película que abre las puertas a lo desconocido desde la familiar estampa de los primeros colonos anglosajones calvinistas en Estados Unidos. Una mezcla de diversos tótems de la literatura, elegías y fábulas fueron la base en la que se construye El Faro, tan efectiva, tan potente, tan fascinante, como los planos más expresionistas de El hombre del Norte, leyendas y mitología vikinga.

Por eso parecía que era una conclusión natural y de lo más razonable que una nueva versión de
Nosferatu corriera a cargo de Robert Eggers, uno de los directores más personales y con eso tan manido del "estilo propio" de los últimos años, y así volver sobre la base literaria, sobre los mitos, sobre las sombras. Y sobre la sangre.

Adaptar a Murnau (y a Herzog, a la que tanto referencia) en 2024 requiere grandes dosis de talento e inteligencia, pues más de 100 años después ni el cine ni el público son los mismos, para mal y para menos bien, y ahora nos permite tener las herramientas para rendir homenaje a los restos de su recuerdo.
Este 'Nosferatu' mantiene los mismos aspectos que la cinta de Murnau, y el conde sigue siendo Orlok y el Demeter arriba en la ficticia ciudad alemana de Wisborg en vez de en Londres, cosas que pasaban en la película de 1922 por no tener los derechos de la novela de Bram Stoker.

Eggers hace su contribución al mundo de Stoker en su versión más sombría y lujuriosa, un paso más de Coppola, y parece empeñado en dejar inequívoca constancia de quién estrás tras la cámara, su huella en cada plano como la sombra y el hálito del vampiro, pero sólo parece recargada cuando chirría el CGI. La mezcla del estilo de Eggers con el homenaje al expresionismo alemán, desde Murnau al primer Fritz Lang pasando por Max Reinhardt, es un producto interesante y disfrutable.

Se mueve en la oscuridad más macabra, como las escenas en el castillo, donde todo sugiere un miedo agazapado en la penumbra; cae la nieve como en el relato de Joyce, "uno a uno todos nos convertiremos en sombras"; y también en los contrastes, como las grandes aportaciones, cada uno en registros y tonos diferentes, de Willem Dafoe y Lily-Rose Depp.

Toda la película tiene una atmósfera tan poderosa y particular que no te puedes desentender de ella. Consigue ser ambigua y turbadora, en un ejercicio que muestra de forma maravillosamente perversa que el sexo y el terror se dan la mano, las más ancestrales e intensas de las emociones humanas, que la libido libera sus potencias infernales y arrastra hacia abismos de pasión redentora y condenación, el esplendor y miseria de la carne viva, fuente de tortura, de placer y de celebración, esa carne que es condena y a la vez es expiación.

Para recordarnos que la pulsión sexual es instintiva, el amor como una sublimación cultural de esa otra energía, el hombre, la mujer y el monstruo como depredadores insaciables de instinto irreprimible, como la mujer simbolizando ser presa de ese inmenso deseo que nos atrae y repele. Todo bien hilado y condensado en ese epílogo y en ese plano final de deseo, concupiscencia y muerte.

19 de diciembre de 2024

Conversos



Artículo publicado originalmente en La Nueva España. 

Lo que mejor soporta el paso del tiempo es la mentira. Te aferras a ella y no se deteriora. Muchos matrimonios pueden aguantar varias décadas viviendo sobre una ficción o un contrato tácito, y algo así es la relación de Pedro Sánchez con el poder, pues todo está construido en base a las mentiras a las que pudo sobrevivir y donde se hace fuerte. Puede decir una cosa y la contraria porque los votantes, carentes por completo de dignidad, han renunciado a respetarse a sí mismos, y así, desde el insomnio que le provocaría pactar con la extrema izquierda podemita hasta las reiteradas negativas a hacerlo con la ETA política, pasando por la amnistía e indultos al golpismo catalán, hasta haber sido abanderado contra la corrupción siendo el partido más corrupto de la historia. 

Su penúltima fechoría la llevó a cabo cuando retuvo durante días la ayuda a Valencia para desgastar a su rival político, mientras decenas morían. Siendo algo terrible, no puede extrañar la forma de actuar del que desoyó hasta once alertas de Seguridad Ciudadana entre enero y marzo de 2020, y todas las señales evidentes de emergencia sanitaria, para poder celebrar su infausta manifestación del 8-M, que a tantos condenó, al no permitir cancelar tampoco el resto de eventos.

Juan Soto Ivars suele recordar que en un primer momento votó a Sánchez, y Un Tío Blanco Hetero (que es uno de los mejores youtubers, en opinión de alguien que no sigue youtubers) a Podemos, como tantos otros jóvenes desnortados.
Hay algo de penitencia y de redención en esas confesiones de "fíjate, hasta yo caí en ese error, culpable por mi buena fe y mis pulcras intenciones, me creí al socialismo verdadero, que sigue siendo la mejor alternativa si se hace bien". Y hacen ahora una doliente reflexión sobre su pasado al otro lado del muro, siendo combativos antisanchistas.

Los que, por nuestra parte, nunca nos creímos ni a Sánchez ni a Podemos y no tuvimos ni la tentación de formar parte de su nicho electoral, o supimos que los chicos de Contrapoder se dedicaban a chanchullos muy sórdidos y nunca supimos apreciar de Pablo Iglesias sus encantos objetivos, no tenemos reconocimiento alguno, porque ya traíamos la mala idea desde el principio. Si siempre has sido facha, no puedes hacer ese tránsito de la ingenua inocencia traicionada al "no es esto, no es esto" y cobrar para contarlo.

Y tiene sentido, en cierto punto. Los que vuelven del infierno de las adicciones tienen más reconocimiento, apoyo y cariño que los que nunca han necesitado desintoxicarse. Salir de la izquierda y del populismo tiene algo de catarsis, de haber vagado por el corazón de las tinieblas para finalmente poder ver la luz. Los embelesos caraqueños de Íñigo Errejón eran droga dura, como la brillantez intelectual y la cautivadora oratoria de una Irene Montero o Yolanda Díaz, qué duda cabe. Hubo una época en la que señalar las carencias de una choni con ínfulas o la gran mentira del feminismo te podía llevar directo a la picota.
Pero ahora, renegar del PSOE y de sus aliados plurinacionales está de moda, y tiene bastante buena prensa, aunque tampoco requiere mucho mérito porque hasta el más tonto del pueblo ya se pudo percatar de las tendencias autócratas de Pedro Sánchez. 

Y pese al congreso de Sevilla, que fue Jonestown por un día, y el disciplinado cierre de filas, todo tiene aroma a crepúsculo del régimen, los estertores de algo que no será bonito ni será modélico. Así que dense por avisados los últimos despistados: éste es el momento de saltar del barco.

11 de diciembre de 2024

Carta a un adolescente izquierdista



Artículo publicado originalmente en La Nueva España.

Estimado joven. Permíteme que te hable con cierta familiaridad, casi como un amigo, porque yo también estuve donde tú te encuentras ahora y, en cierta manera, yo soy tú, sólo que con unos años más, y el rodaje que conlleva.

Sé que para ti el mundo es un lugar confuso y extraño, que las tinieblas del futuro se presentan con la ansiedad de la incertidumbre y casi nunca consigues ponerte de acuerdo con la vida. Están los estudios, tus disputas en casa, donde profesas hacia los demás una notable antipatía, tus preocupaciones amorosas y las hormonas en constante pie de guerra que hacen que estés todo el día más caliente que una estufa, y que todo te llama a rebelarte conta el orden establecido que seguramente proyectas en la figura de tus padres, de tus profesores, de la Policía y de otros órganos de poder. Me hago cargo de tu profundo malestar existencial, y esa afirmación del instinto mediante una fuerza destructiva, valiente, catártica.

A lo mejor decoras tu habitación con artilugios más o menos en sintonía a tu cacao mental, es decir, banderas del Che o de la Segunda República, fotos de grupos de música, rock muy reivindicativo que pone banda sonora al descerebramiento juvenil; o incluso, espero que no, pañuelos palestinos, lo que hace que en tu casa te consideren, aunque no te lo digan abiertamente, un poquito gilipollas. Tal vez puedas leer a Baudelaire y ver cómo la belleza se opone a la injusticia y a la depresión, pero la estadística me dice que es más fácil que ocupes tu tiempo en redes sociales y televisión que leyendo.

Nunca a lo largo de la historia se ha tenido tanto acceso a la información y al conocimiento como ahora y la paradoja radica en que nunca hubo tantos adultos incapaces de enjuiciar críticamente la realidad. Deberás hacerte mayor con ansias de saber, dispuesto a reflexionar, a conocer, abrirte a nuevos autores sin prejuicios sectarios, ir desarrollando una personalidad y un carácter al paso que marca tu propia existencia, las cosas que verás en ti, que experimentarás, las que verás en otros y las aprenderás de la Historia, tanto de tu país como del mundo. Así, oscilarás entre el compromiso y la reserva, el sentimiento y la razón, el sueño y la realidad. Y que las consignas izquierdistas sobreviven pocas veces a una formación intelectual ecuánime y adecuada.

Todo ya ha pasado antes. Tú eras muy pequeño, pero hace diez años, un partido formado por asesores del chavismo y pintamonas siniestros de toda índole quiso reventar las cosas para forrarse y tener sexo a diestra y siniestra, y aglutinó los votos de los más faltos de la sociedad, que es donde tiene el caladero el material averiado del populismo. Te aseguro que daba mucha vergüenza ajena ver a personas hechas y derechas defender con pasión de forofo a esa banda de sacamantecas de ultraizquierda, y a su líder dominante venderlo como el nuevo mesías.

Más allá de lo que puedas creer, no hay nada de romántico en los ideales de la vil escoria etarra, cuyo pensamiento nacionalista nace como una sublevación carlista contra el liberalismo, en la que se mezclaban elementos de integrismo clerical y separatismo regionalista. Salir al mundo con la mirada limpia y echar un vistazo afuera te permitirá mantenerte alejado de esos nocivos identitarismos de aldea.

Aunque no lo sepas, tu falsa revolución sólo instala más en su puesto a la chusma gobernante y su prensa servil, y tu profunda conciencia social adoba las ideologías que han empobrecido a todas las naciones de la Tierra donde se han aplicado, y donde se han invertido todas las categorías morales. Seguir por ese camino sólo te llevará a la inmolación personal, pues si cuando eres adolescente se te perdonan los pecados propios de tu edad e inexperiencia, como tus ramlazos comunistas y todo tipo de desvaríos argumentales, cuando eres adulto sólo puedes mantener esa posición en el mundo si eres estúpido, ignorante o malvado.
Hablamos dentro de unos años y me cuentas qué tal te ha ido.
Atentamente.

18 de noviembre de 2024

Ese naufragio moral



Hay veces que la justicia tarda y otras que no llega nunca, y no siempre las cuentas se ajustan como deberían. Costó 15 años localizar a Adolf Eichmann, y fue de casualidad. Estaba en Argentina, donde la leyenda asegura que también se escondía el otro Adolf, Hitler, y tras ser reconocido y avisado el Mossad, previo secuestro, fue llevado Israel donde acabó ahorcado. Sin muchos aspavientos, sin muchas protestas de organizaciones pro amnistía y cosas así. Todo estaba muy reciente y no estaba el patio como para andarle tocando los cojones a los judíos. No como ahora, que hasta una analfabeta funcional como Yolanda Díaz pide que sean barridos 'desde el río hasta el mar'. 

Eichmann, uno de los artífices del Holocausto, tenía pinta de vendedor de seguros, nadie hubiera apostado a que era el monstruo que su biografía y numerosos testigos acreditaban.
Como soy persona poco tolerante pero dada a la fantasía y la ficción, siempre imaginé un comando que cazara antiguos carniceros de ETA y líderes en el retiro, de esos que ponen cristalerías debajo del domicilio de sus víctimas. Para algunas cosas, España tiene un sentido de la justicia mucho más incomprensible. A Mertxe Aizpurúa o Arnaldo Otegi el karma sí les regalo un rostro acorde a su maldad interior, y uno ve a la ahora diputada de Bildu y no se la puede imaginar de otra cosa que señalando a ETA objetivos desde el Gara, como efectivamente hacía. Siendo el dedo que indica el camino al verdugo.

No existe un movimiento de desnazificación del País Vasco, para acabar con sus delirios de raza superior, con las chorradas psicopáticas de la etnia, con la inquina a lo español que se enseña desde la más tierna infancia en las escuelas de odio.

El Gobierno pacta con la ETA política la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana, y Otegi quiere seguir sacando a los presos que tienen en las cárceles. Lo bueno de Arnaldo y su infinita maldad es que nunca le quiso dar un barniz de partido de Estado a su banda de pistoleros reconvertidos, y a diferencia de los diputados en Madrid, en el País Vasco jamás se comporta de manera distinta a lo que son. A lo que siempre fueron. 

Los asesinos de Fernando Buesa y Luis Portero ni se arrepintieron, ni colaboraron con la Justicia ni pidieron perdón, pero están en la calle porque el Gobierno debe su permanencia a ese tipo de concesiones a los terroristas, entre el estupor de los familiares y de la parte de la sociedad que no está enferma. Si la gente se echa las manos a la cabeza por el grotesco error de PP y VOX, es porque saben que el PSOE ya sólo cuenta para incluirlo en las filas de los bilduetarras. Lo que para los otros dos partidos es un error garrafal (facilitar la salida de la cárcel de Txapote) para el PSOE es ya la normalidad.

Ahí es donde se sucede la tragedia del votante socialista y sus tristes circunstancias. En algún lugar en su interior, el pedrista sabe que todo esto es un despropósito, pero se autoengaña, se trata de convencer, repite los mantras de los medios de comunicación bien pagados, patalea contra lo que su mente en el fondo sabe y dice esa farsa de mal gusto de que todo es necesario para frenar a la ultraderecha. Afirma que Bildu no tiene nada que ver con ETA, que se trata de la coalición de progreso.

Otros no quieren hablar de política, temen enfrentarse a sus propios demonios internos, que la gente se dé cuenta del tipo de persona que son, la calaña a la que apoyan, y tratan de desligarse del naufragio moral de su partido.

El votante socialista puede ser su vecino, su amigo, su familiar. Personas en apariencia normales pero que justifican la puesta en la calle de asesinos no arrepentidos solo por la ambición de poder de un individuo. O no lo hacen, pero a es demasiado tarde para admitir que se avergüenzan de su voto. Mientras a su alrededor empiezan a sospechar que alguien que sigue posicionado de esa manera sólo puede ser un descerebrado o un ser abyecto.

Como Eichmann, vive una vida pendiente del exterior, mirando por encima del hombro, temiendo ser descubierto. Se les están agotando las excusas.


17 de noviembre de 2024

Gladiator II


Si uno revisa trabajos de Ridley Scott como Thelma & Louise o Black Hawk Derribado descubre que siempre tuvo buenas mañas para mantener el pulso narrativo, para contar con la cámara una historia que mantenga el interés del espectador y además se adecúe a los gustos y las recetas del gran público.

Pero acostumbra Ridley Scott a creerse más virtuoso de lo que demuestra, y el hombre que comenzó su carrera con tres obras maestras como Los Duelistas, Alien y Blade Runner ha sido víctima de sus propias pretensiones, y entre hacer un Metoo medieval en El último duelo de sonrojante turra ideológica y la incursión de historia-ficción en Napoleón, lleva sin firmar una película notable desde American Gangster, ya en el 2007.

La concepción de Gladiator II puede responder a la preocupante falta de ideas de la industria de los grandes estudios, siempre buscando segundas partes, precuelas, remakes o superhéroes que salven la taquilla y mantengan robustas las finanzas.
El Gladiator del año 2000 forma parte de la cultura popular, y su mezcla de violencia, historia (a su manera) e intrigas políticas demostró ser una fórmula llamada al éxito. 

La cinta ahora estrenada sigue la misma estructura que su original, a la que hace referencia continuamente para que nadie se pierda, como si más que una secuela, se tratara de un homenaje. También empieza con una vibrante batalla fuera de las arenas de gladiadores, y el protagonista es hecho prisionero tras ser asesinada su esposa. Y, en efecto, también se curte primero en plazas de provincias (con monos inverosímiles hasta arriba de esteroides) antes de pasar al coliseo romano, el Santiago Bernabéu de la época.

El guión está cogido por los pelos y emulando la película previa, con Pedro Pascal y Denzel Washington ganándose el jornal ante una desdibujada Connie Nielsen, pero lo que cuentan son las escenas de acción, visualmente espectaculares, con más sangre y más fauna, aunque sobrecargadas de efectos digitales.

El director se recrea en ser vislumbrante, echando toda la carne en el asador, pero lo que más adolece la película, más del continuado paso a paso de su receta triunfal en el texto o los anacronismos, más allá de esos dos emperadores infumables y caricaturizados, es la falta de carisma genuino de su protagonista, un Paul Mescal que se parece en atractivo carácter y magnetismo al Máximo Décimo Meridio de Russell Crowe como un huevo a una castaña. 

Hay más arena entre los dedos, más trigo, más paseos al más allá, más sueños oníricos. Pero mientras Gladiator dejó escenas y diálogos para la posterioridad y el imaginario colectivo, esta secuela es tan entretenida como olvidable.