28 de diciembre de 2024

Nosferatu


En una escena de La Bruja se realiza una incisión en la sien del hijo poseído como tributo de sangre purificadora más que como remedio médico casero, en una película que abre las puertas a lo desconocido desde la familiar estampa de los primeros colonos anglosajones calvinistas en Estados Unidos. Una mezcla de diversos tótems de la literatura, elegías y fábulas fueron la base en la que se construye El Faro, tan efectiva, tan potente, tan fascinante, como los planos más expresionistas de El hombre del Norte, leyendas y mitología vikinga.

Por eso parecía que era una conclusión natural y de lo más razonable que una nueva versión de
Nosferatu corriera a cargo de Robert Eggers, uno de los directores más personales y con eso tan manido del "estilo propio" de los últimos años, y así volver sobre la base literaria, sobre los mitos, sobre las sombras. Y sobre la sangre.

Adaptar a Murnau (y a Herzog, a la que tanto referencia) en 2024 requiere grandes dosis de talento e inteligencia, pues más de 100 años después ni el cine ni el público son los mismos, para mal y para menos bien, y ahora nos permite tener las herramientas para rendir homenaje a los restos de su recuerdo.
Este 'Nosferatu' mantiene los mismos aspectos que la cinta de Murnau, y el conde sigue siendo Orlok y el Demeter arriba en la ficticia ciudad alemana de Wisborg en vez de en Londres, cosas que pasaban en la película de 1922 por no tener los derechos de la novela de Bram Stoker.

Eggers hace su contribución al mundo de Stoker en su versión más sombría y lujuriosa, un paso más de Coppola, y parece empeñado en dejar inequívoca constancia de quién estrás tras la cámara, su huella en cada plano como la sombra y el hálito del vampiro, pero sólo parece recargada cuando chirría el CGI. La mezcla del estilo de Eggers con el homenaje al expresionismo alemán, desde Murnau al primer Fritz Lang pasando por Max Reinhardt, es un producto interesante y disfrutable.

Se mueve en la oscuridad más macabra, como las escenas en el castillo, donde todo sugiere un miedo agazapado en la penumbra; cae la nieve como en el relato de Joyce, "uno a uno todos nos convertiremos en sombras"; y también en los contrastes, como las grandes aportaciones, cada uno en registros y tonos diferentes, de Willem Dafoe y Lily-Rose Depp.

Toda la película tiene una atmósfera tan poderosa y particular que no te puedes desentender de ella. Consigue ser ambigua y turbadora, en un ejercicio que muestra de forma maravillosamente perversa que el sexo y el terror se dan la mano, las más ancestrales e intensas de las emociones humanas, que la libido libera sus potencias infernales y arrastra hacia abismos de pasión redentora y condenación, el esplendor y miseria de la carne viva, fuente de tortura, de placer y de celebración, esa carne que es condena y a la vez es expiación.

Para recordarnos que la pulsión sexual es instintiva, el amor como una sublimación cultural de esa otra energía, el hombre, la mujer y el monstruo como depredadores insaciables de instinto irreprimible, como la mujer simbolizando ser presa de ese inmenso deseo que nos atrae y repele. Todo bien hilado y condensado en ese epílogo y en ese plano final de deseo, concupiscencia y muerte.

19 de diciembre de 2024

Conversos



Artículo publicado originalmente en La Nueva España. 

Lo que mejor soporta el paso del tiempo es la mentira. Te aferras a ella y no se deteriora. Muchos matrimonios pueden aguantar varias décadas viviendo sobre una ficción o un contrato tácito, y algo así es la relación de Pedro Sánchez con el poder, pues todo está construido en base a las mentiras a las que pudo sobrevivir y donde se hace fuerte. Puede decir una cosa y la contraria porque los votantes, carentes por completo de dignidad, han renunciado a respetarse a sí mismos, y así, desde el insomnio que le provocaría pactar con la extrema izquierda podemita hasta las reiteradas negativas a hacerlo con la ETA política, pasando por la amnistía e indultos al golpismo catalán, hasta haber sido abanderado contra la corrupción siendo el partido más corrupto de la historia. 

Su penúltima fechoría la llevó a cabo cuando retuvo durante días la ayuda a Valencia para desgastar a su rival político, mientras decenas morían. Siendo algo terrible, no puede extrañar la forma de actuar del que desoyó hasta once alertas de Seguridad Ciudadana entre enero y marzo de 2020, y todas las señales evidentes de emergencia sanitaria, para poder celebrar su infausta manifestación del 8-M, que a tantos condenó, al no permitir cancelar tampoco el resto de eventos.

Juan Soto Ivars suele recordar que en un primer momento votó a Sánchez, y Un Tío Blanco Hetero (que es uno de los mejores youtubers, en opinión de alguien que no sigue youtubers) a Podemos, como tantos otros jóvenes desnortados.
Hay algo de penitencia y de redención en esas confesiones de "fíjate, hasta yo caí en ese error, culpable por mi buena fe y mis pulcras intenciones, me creí al socialismo verdadero, que sigue siendo la mejor alternativa si se hace bien". Y hacen ahora una doliente reflexión sobre su pasado al otro lado del muro, siendo combativos antisanchistas.

Los que, por nuestra parte, nunca nos creímos ni a Sánchez ni a Podemos y no tuvimos ni la tentación de formar parte de su nicho electoral, o supimos que los chicos de Contrapoder se dedicaban a chanchullos muy sórdidos y nunca supimos apreciar de Pablo Iglesias sus encantos objetivos, no tenemos reconocimiento alguno, porque ya traíamos la mala idea desde el principio. Si siempre has sido facha, no puedes hacer ese tránsito de la ingenua inocencia traicionada al "no es esto, no es esto" y cobrar para contarlo.

Y tiene sentido, en cierto punto. Los que vuelven del infierno de las adicciones tienen más reconocimiento, apoyo y cariño que los que nunca han necesitado desintoxicarse. Salir de la izquierda y del populismo tiene algo de catarsis, de haber vagado por el corazón de las tinieblas para finalmente poder ver la luz. Los embelesos caraqueños de Íñigo Errejón eran droga dura, como la brillantez intelectual y la cautivadora oratoria de una Irene Montero o Yolanda Díaz, qué duda cabe. Hubo una época en la que señalar las carencias de una choni con ínfulas o la gran mentira del feminismo te podía llevar directo a la picota.
Pero ahora, renegar del PSOE y de sus aliados plurinacionales está de moda, y tiene bastante buena prensa, aunque tampoco requiere mucho mérito porque hasta el más tonto del pueblo ya se pudo percatar de las tendencias autócratas de Pedro Sánchez. 

Y pese al congreso de Sevilla, que fue Jonestown por un día, y el disciplinado cierre de filas, todo tiene aroma a crepúsculo del régimen, los estertores de algo que no será bonito ni será modélico. Así que dense por avisados los últimos despistados: éste es el momento de saltar del barco.

11 de diciembre de 2024

Carta a un adolescente izquierdista



Artículo publicado originalmente en La Nueva España.

Estimado joven. Permíteme que te hable con cierta familiaridad, casi como un amigo, porque yo también estuve donde tú te encuentras ahora y, en cierta manera, yo soy tú, sólo que con unos años más, y el rodaje que conlleva.

Sé que para ti el mundo es un lugar confuso y extraño, que las tinieblas del futuro se presentan con la ansiedad de la incertidumbre y casi nunca consigues ponerte de acuerdo con la vida. Están los estudios, tus disputas en casa, donde profesas hacia los demás una notable antipatía, tus preocupaciones amorosas y las hormonas en constante pie de guerra que hacen que estés todo el día más caliente que una estufa, y que todo te llama a rebelarte conta el orden establecido que seguramente proyectas en la figura de tus padres, de tus profesores, de la Policía y de otros órganos de poder. Me hago cargo de tu profundo malestar existencial, y esa afirmación del instinto mediante una fuerza destructiva, valiente, catártica.

A lo mejor decoras tu habitación con artilugios más o menos en sintonía a tu cacao mental, es decir, banderas del Che o de la Segunda República, fotos de grupos de música, rock muy reivindicativo que pone banda sonora al descerebramiento juvenil; o incluso, espero que no, pañuelos palestinos, lo que hace que en tu casa te consideren, aunque no te lo digan abiertamente, un poquito gilipollas. Tal vez puedas leer a Baudelaire y ver cómo la belleza se opone a la injusticia y a la depresión, pero la estadística me dice que es más fácil que ocupes tu tiempo en redes sociales y televisión que leyendo.

Nunca a lo largo de la historia se ha tenido tanto acceso a la información y al conocimiento como ahora y la paradoja radica en que nunca hubo tantos adultos incapaces de enjuiciar críticamente la realidad. Deberás hacerte mayor con ansias de saber, dispuesto a reflexionar, a conocer, abrirte a nuevos autores sin prejuicios sectarios, ir desarrollando una personalidad y un carácter al paso que marca tu propia existencia, las cosas que verás en ti, que experimentarás, las que verás en otros y las aprenderás de la Historia, tanto de tu país como del mundo. Así, oscilarás entre el compromiso y la reserva, el sentimiento y la razón, el sueño y la realidad. Y que las consignas izquierdistas sobreviven pocas veces a una formación intelectual ecuánime y adecuada.

Todo ya ha pasado antes. Tú eras muy pequeño, pero hace diez años, un partido formado por asesores del chavismo y pintamonas siniestros de toda índole quiso reventar las cosas para forrarse y tener sexo a diestra y siniestra, y aglutinó los votos de los más faltos de la sociedad, que es donde tiene el caladero el material averiado del populismo. Te aseguro que daba mucha vergüenza ajena ver a personas hechas y derechas defender con pasión de forofo a esa banda de sacamantecas de ultraizquierda, y a su líder dominante venderlo como el nuevo mesías.

Más allá de lo que puedas creer, no hay nada de romántico en los ideales de la vil escoria etarra, cuyo pensamiento nacionalista nace como una sublevación carlista contra el liberalismo, en la que se mezclaban elementos de integrismo clerical y separatismo regionalista. Salir al mundo con la mirada limpia y echar un vistazo afuera te permitirá mantenerte alejado de esos nocivos identitarismos de aldea.

Aunque no lo sepas, tu falsa revolución sólo instala más en su puesto a la chusma gobernante y su prensa servil, y tu profunda conciencia social adoba las ideologías que han empobrecido a todas las naciones de la Tierra donde se han aplicado, y donde se han invertido todas las categorías morales. Seguir por ese camino sólo te llevará a la inmolación personal, pues si cuando eres adolescente se te perdonan los pecados propios de tu edad e inexperiencia, como tus ramlazos comunistas y todo tipo de desvaríos argumentales, cuando eres adulto sólo puedes mantener esa posición en el mundo si eres estúpido, ignorante o malvado.
Hablamos dentro de unos años y me cuentas qué tal te ha ido.
Atentamente.