13 de enero de 2026

Chavista de Chamberí

 


Artículo publicado originalmente en La Gaceta

"En Europa necesitamos mucho de ese cálido viento latinoamericano. Les queremos, Chávez vive, la lucha sigue", exclamaba en el atril Íñigo Errejón, puño alzado al aire, congestionada de emoción la carita imberbe. Un héroe de la revolución llegado desde Pozuelo.

A Errejón le debió de dar un mal aire, porque desde que lo van a sentar en el banquillo por ir demasiado cálido por la vida ya habla menos del difunto comandante y más sobre la importancia de la presunción de inocencia. 

Pablo Iglesias decía en una tele venezolana que le daban envidia los españoles que estaban por allí, y que aquello era un ejemplo para Europa. Sí, eso es lo que necesita Europa, efectivamente, una buena dictadura bolivariana. Cinco millones de personas votaron a este elemento. Un país también acaba teniendo los vicepresidentes que se merece.

De Monedero, su inconsolable tristeza tras fenecer su "hermano" Chávez, y sus bailecitos por Caracas, prefiero no comentar más, porque ya es bastante prolongada la cuesta de enero como para hacerla más pronunciada mentando a todos los indeseables de aquella banda fundacional.

Sí recordar que todo eso ya era de dominio público cuando formaron Podemos, pero luego te decían, los propagandistas habituales (pasan los años y ahí siguen, cambian las caras pero en realidad son los mismos) que tranquilos, que en verdad Podemos no eran chavistas, que eran socialdemócratas nórdicos, que iban a luchar contra los de arriba (serían los vecinos del quinto), a cobrar tres salarios mínimos y acabar con la casta echando fuego por los ojos y también rayos por el culo (dramatización). Y se quedaban tan anchos.

Esas ansias de defender tiranos, necesitados de guardar las apariencias, la han estado reprimiendo los comunistas y separatistas de toda laya hasta que Maduro entró en el avión rumbo a una celda en Brooklyn. Entonces ya no pudieron más, y desde su piso en Chamberí, el mermado de infantería cogió el teléfono y empezó a dar una exhibición. Tap, tap, clic, clic, un tuit tras otro, un rebuzno tras otro. ¡Rediós, para lo que han quedado estos mataos! piensa uno ante semejante espectáculo.

El madurismo te lo defiende con igual vehemencia el tonto de baba que el fanático grillado. Los más indignados por la captura del usurpador y torturador fueron Ione Belarra, los cuatro amigos de IU, los marqueses de Galapagar, los etarras de Bildu y otros demócratas exquisitos. Lo mejor de cada casa, para entendernos. Bichos de la peor calaña que han cambiado la bandera de Palestina por la bandera del régimen caribeño, con menos pausa que vergüenza. Lo mismo les da Hamas que el Cártel de los Soles

La izquierda de ceño fruncido, cínica hasta la extenuación y experta en manipular el lenguaje, siempre te habla de democracia hasta que tocan a su dictador favorito. 
Todo tiene un inevitable componente paródico. Con Chávez había entre la población un movimiento iconólatra, pero Maduro sólo era un payaso puesto ahí por los que manejan realmente el entramado y el flujo de la droga, y no era respetado ni por los suyos, que no movieron un dedo para defenderlo (todas las bajas causadas por los Delta Force son del servicio cubano) y es probable que, además, le vendieran. 

De Chávez, como de Castro, hay murales, pintadas, elegías. Igual que del Che Guevara existe todo tipo de merchandising (y sirve para identificar a descarriados), nadie se imagina a Súper Bigote poniendo cara a las camisetas de los asistentes al Viña Rock, dándole color a ese olor a perro mojado.

Las acusaciones en Estados Unidos, donde Maduro se enfrenta a una larga pena, son incluso más leves que los crímenes por los que es investigado por la Corte Penal Internacional: ejecuciones extrajudiciales, torturas, violaciones sexuales, detenciones ilegales y desapariciones forzadas.
Para el chavista de Chamberí, de lo único que es culpable el conductor de autobuses es de bailar tremendos cumbiones.

La situación al otro lado del charco afecta a España por todos los venezolanos exiliados que hay aquí y por los mamertos exaltados que les quieren hacer frente, porque ya sabemos que estos majaderos tienen una cruzada contra el fascismo y la ultraderecha, aunque la mayor batalla la libran contra su propia estupidez.

Se han visto imágenes donde una panda de gañanes increpaban con arengas chillonas a un grupo de los de la diáspora que celebraba la detención del sátrapa.
Hay que ser de un cuajo especial para insultar con ese odio bárbaro a personas que han sufrido tanto; el complejo sistema anímico que impera en determinados fervores comunistas originan este tipo de excentricidades.

Venezuela está en la más absoluta indigencia, y ha aguantado más de dos décadas de socialismo siglo XXI gracias al terror y al miedo. No es solo, al igual que Cuba, un escenario dramático de una revolución fracasada, es el escaparate en el que los países libres del mundo deben mirarse para no caer en ese populismo demencial con políticas de colectivización que no han funcionado jamás en la historia, a pesar de haberlas intentado poner en práctica con sanguinaria insistencia. 

Maduro va camino del olvido tras las rejas pero el régimen interior sigue dando mortales coletazos, y el chavista de Chamberí te lo justifica desde el exterior con infantiles razonamientos derrumbados. No hay ni un mínimo de empatía con la miseria, padecimientos y angustia que sufre el pueblo venezolano y, además, evita cuidadosamente transitar todo razonamiento lógico.

La postura del chavista de Chamberí, de mollera densa como el hormigón recién vertido, es cerril y acrítica, para él puede que Maduro y Chávez hayan hecho alguna cosa mal, alguna cosita por ahí en la que hayan patinado, pero nada en comparación con los pecados del imperio. Vale, bueno, puede que sea un narcoterrorista, pero es nuestro narcoterrorista. Igual que una vez Feijóo se hizo una foto con Marcial Dorado.

El chavista de Chamberí, disonancia cognitiva en su máximo esplendor, celebra la mediación de Zapatero para la liberación de unos presos políticos que no existían. Son los presos políticos de Schrödinger, estaban pero no estaban a la vez en las mazmorras del régimen. Existen o no según en qué plano de la realidad quieras instalarte.

Y mientras Sánchez se limita a gestionar su propia supervivencia, se aferra al antiamericanismo y habla de derecho internacional a la vez que en España se cisca en el estado de Derecho para amnistiar sediciosos y malversadores, y mientras el chavista de Chamberí sueña con la caída del imperio americano, el resto de los españoles lo hace con ver a Zapatero con un chándal gris de Nike y unos enormes auriculares.

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