31 de diciembre de 2025

No digas que fue un sueño

 


Con los años y las despedidas ataca con más fuerza algo que nunca creíste para los jóvenes, esa emoción difícil de controlar llamada melancolía, sensaciones asociadas y sentimientos crepusculares, la nostalgia de tiempo pasado que fue indiscutiblemente mejor. No ayuda no haber hecho las paces con la memoria, o ésta se presenta edulcorada o lacerante en exceso. 

No sabemos si todo lo intrascendente empieza a desdibujarse en el recuerdo, pero creo que tengo una privilegiada retentiva para las cosas que amo.
Yo he sido a lo largo de mi vida notablemente feliz con la imagen, el sonido y la letra impresa protagonizada por personas que ya habían palmado cuando nací. O que lo hicieron mientras era muy pequeño. Y eso no me impidió descubrir con devoción todo lo que crearon, con ese interés de quien consigue un mundo nuevo e hipnótico.

Crecí con la certidumbre de que el cine es una de las más grandes artes y una de las pequeñas salvaciones cotidianas, y también que existía un cine clásico, congelado en el tiempo, patrimonio del buen gusto y atemporal, y otro cine contemporáneo, donde podías ver a estrellas en la gran pantalla y luego salían en las revistas o se paseaban por los festivales. Actores y actrices que vivían ya en el mito, y actores y actrices de la actualidad. Había un pasado y un presente, perfectamente delimitados pero ambos disfrutables.

También sabía que no existen películas antiguas ni películas nuevas: existen películas que se han visto y películas que no, y ésas siempre son nuevas. Cine vivido, amado y compartido. Una afición delegada de mi padre, como principio vital transmitido con los suyos. Una afición que procede del minuto posterior al primer recuerdo y se sabe acoplada y decidida hasta el último momento.

Fui niño, adolescente, joven, mientras aún estaban vivos Paul Newman, Kirk Douglas, Ernest Borgnine, Sean Connery, James Caan, Olivia de Havilland, Alain Delon, Gene Hackman, James Gandolfini

Y Robert Redford, Claudia Cardinale, Diane Keaton. Estos tres han sido los últimos en largarse, en este 2025 que declina ya irremediable. También Brigidtte Bartdot, que llevaba retirada del cine desde 1973.

Claudia Cardinale siempre será un amor a perpetuidad, representando la carnalidad, la belleza, el erotismo, el misterio, la elegancia. No entiende este arte quien no comprenda que uno pueda enamorarse de los ojos de una siciliana (en realidad nació en Túnez) de formas pletóricas y curvilíneas.
Ella pertenecía a esa estirpe de las elegidas, donde se asentaban en algo más que una cara bonita. La cámara las amaba, los productores conocían el impulso que dirige las preferencias de un hombre hacia una mujer determinada entre miles.

Tuvo la fortuna de contar con los mejores mentores. A mediados de los años 60, su alegre desenfado ya había estado a las órdenes de algunos de los mayores creadores del cine italiano: Luchino Visconti, Fellini, Zurlini, Monicelli, Luigi Zampa...con Rocco y sus hermanos entraría en el olimpo de musas de Visconti, junto a Silvana Magano y Romy Schneider

Interpretó a la impresionante Angelica Sedara de El Gatopardo. La escena del baile con el príncipe de Salina (colosal Burt Lancaster, ambos repetirían con Visconti en Confidencias) es una de las más icónicas y simbólicas de la historia del cine. Y la película que le abriría las puertas del mercado internacional con lanzamiento norteamericano. Nada menos que al lado de John Wayne y Rita Hayworth, en la poco afortunada obra circense de Henry Hathaway El fabuloso mundo del circo.
Fue el lujo y la sofisticación en La pantera rosa, y la belleza salvaje del excelente wéstern Los profesionales, una obra maestra de un nihilismo, una épica y un romanticismo corrosivos.
Fernando Trueba, alguien con sentido del gusto y de la estética y de cinefilia militante, tuvo el privilegio de contar con ella en la notable El artista y la modelo. Fue la última vez que la vi actuando.

Robert Redford contaba con ese magnetismo propio de las estrellas, capaz de hacer de galán romántico o entrañable pícaro pero también interpretar a personajes complejos, perdedores con alma, solitarios acorralados por la vida, gente en posesión de talento pero también de turbiedad, además de ser un director con una sensibilidad contrastada. 

Tuvo la suerte de vivir alejado de las fórmulas, trabajando con artesanos del oficio, en una época donde productores muy inteligentes ofrecían personajes memorables a buenos actores en estado de gracia y continua complicidad con el público; por eso funcionan juntos él y Paul Newman, en Dos hombres y un destino y El Golpe, dos películas que van más allá de modas estrictamente comerciales pero también de cine experimenta, de autor o lo que sea el indie. Es cine para todos los espectadores, pero de calidad. Divierte, hace reír, fascina, y la pareja está rodeada de grandes secundarios como Robert Shaw o Katharine Ross, esa belleza de fama efímera. Dos películas donde se habla de la devolución exacta y medida de la justa lealtad.

Otra colaboración fructífera, que es ya catálogo de lo mejor del cine, es la de Redford con Sydney Pollack, director y actor con un oficio que ha influido en los más aventajados jóvenes realizadores, y al que tanto se le echa de menos. 

Los años 70 y el trabajo de ambos nos regalaron Las aventuras de Jeremiah Johnson (que ha tenido una digna sucesora en la hermosa y triste Sueños de trenes), Tal como éramos, las vicisitudes y complicaciones de pareja junto a Barbra Streisand; un thriller bien labrado como Los tres días del Cóndor, y ese trotamundos conmovedor de El jinete eléctrico (junto a su amiga de toda la vida Jane Fonda, también estuvieron ambos en La jauría humana, Descalzos por el parque y, ya en 20217, Nosotros en la noche, que se aleja demasiado en calidad al gran libro de Kent Haruf).
Redford y Pollack volverían a juntarse para esa obra lírica de imágenes memorables entre leones, elefantes y Meryl Streep. Sí, Memorias de África

Redford fue el tenaz periodista Bob Woodward en Todos los hombres del presidente y también el director de una película tan conmovedora como Gente corriente y de la alegórica El hombre que susurraba a los caballos, que aunque con alguna concesión a la vía cómoda, descubrió para el cine a una niña hermosa llamada Scarlett Johansson.

Siempre fue un hombre coherente, comprometido, activista sin fanatismos, promotor de festivales para dar cabida a todo tipo de películas alejadas de otros circuitos más prestigiosos, y se permitió el lujo de, con 65 años, lucir torso desnudo en La última fortaleza, un duelo demasiado forzado con James Gandolfini, aunque es una cinta que se deja ver. 

Se retocó la cara con desastrosos resultados, participó en algunas películas que se podía haber ahorrado y fue congruente hasta el final. Representaba una forma de ser y de estar y también una manera de entender Estados Unidos.
Robert Redford puede que fuera la última gran estrella viva.

Brigitte Bardot llegó para conmocionar la rígida moral dominante en la industria, hubo quien se deleitó y hubo quien se escandalizó, con alguien que podía hacer milagros jugando con una toalla, revolcada en la cama con una sábana ceñida al cuerpo, siendo otros escenarios predilectos las bañeras y las duchas, que daban cabida a su glorioso cuerpo.

Pionera del desnudo expresivo, antes de que el mal gusto y la vulgaridad, y la proliferación de mujeres sin ropa para tapar agujeros de guión, arruinaran todo lo erótico y novedoso que aquello tenía. Bardot es tan importante porque su físico implantó modas. Toda una generación de mujeres sexualmente liberadas imitó sus peinados (y despeinados), su forma de moverse y su particular expresividad de los labios, con una calculada mezcla de insolencia e ingenuidad. 

Fue más personaje que actriz, pero el mundo nuevo de los años 50 acogió la mercancía con ilusión y la consumió sin reservas. 
Fue una mujer singular y acaso amada. Su rostro era un hermoso refugio del alma francesa, e hizo defensa a favor de los animales y activismo contra los animales bípedos que sabía estaban (y están) destrozando su país.

Y, como escribió el gran Terence Moix: "El erotismo cinematográfico ya no sería el mismo desde el día en que la traviesa B.B regaló al folclore del siglo su culito retozón".

Diane Keaton en estética y estilismo fue lo más parecido a una heredera de Katherine Hepburn, pero con esa mirada de ojos caídos y sonrisa perpetua que enamoró a un Woody Allen en estado de gracia cuando sacó lo mejor de ella en Annie Hall y Manhattan, colaborando juntos en cinco cintas más, siendo el reencuentro profesional en Misterioso asesinato en Manhattan, una película menor el neoyorquino, que siendo menor sigue siendo cine muy destacable, como ocurre con las obras de Allen.

Keaton fue habitual en comedias románticas y dramas familiares, estuvo estupenda (cuarta nominación al Oscar) junto a Jack Nicholson en Cuando menos te lo esperas
Pero creo que para todos los cinéfilos con gusto, además de la musa de Woody Allen, siempre será Kay Adams de El Padrino

Aunque participó en la trilogía, la más memorable escena ocurre en el final de la primera cumbre de Coppola, cuando su marido recién ascendido al trono del poder le cierra la puerta para dejarla fuera de las estancias donde se deciden la vida y la muerte. 

Hubo tiempos peores y hombres mejores



Artículo publicado originalmente en La Gaceta.

Para los marcados, los que estamos de forma irremediable al otro lado del muro que Sánchez construyó, donde hay mucha fuerza de voluntad, elogioso trabajo, capacidad de resistencia y la firme determinación de oponerse al autócrata. 

Entre talentos y egos hay que decir que no nos demos demasiada importancia si un vídeo tiene una excelente recepción, si ponemos a rabiar a los mermados en alguna intervención (siempre rabian, son como ovejas bípedas), si nos amenazan infraseres ágrafos por redes en el ruin parapeto del anonimato, si alguien nos felicita de forma entusiasta por un artículo, o si por la calle una señora nos para y nos dice que le gustamos mucho para su nieta. 

Es verdad que llevamos años dando la cara, a riesgo de que nos la partan, en la oposición cívica pero activa, al Gobierno más abyecto y miserable que ha conocido nuestra democracia. Es verdad que en frente se amontona una peligrosa mezcla de maldad y estupidez, crimen e inmundicia, causas demenciales dispuestas a ser defendidas por cualquier energúmeno con la misma capacidad de diálogo que un pobre jumento, adueñándose de la voluntad de los débiles. 

Es verdad que estamos en minoría absoluta frente a la parasitación de todas las instituciones del Estado, los medios de comunicación y su obsceno rodillo mediático, y el chantaje continuo de los identitarismos de aldea, la antiEspaña cabestra de toda la vida pero con un barniz de progresismo.

Pero hombres y mujeres mejores que nosotros pelearon y defendieron sus ideas en épocas más peligrosas, con más coraje, más vehemencia y más riesgo, perdiendo incluso la vida, como les ocurrió a los héroes que sabían que los podían matar los enajenados pistoleros de la ETA, y nunca quisieron ponerle un silenciador a su voz ni renunciar a denunciar esa asquerosa necedad que es el nacionalismo vasco. 

Supieron mirarle a la cara al miedo incluso en los años de plomo; vimos riadas de gente echada a la calle con el corazón roto y manos esperanzadas que pintadas de blanco se alzaban al cielo; de lágrimas derramadas interminables y ojos de tristeza infinita que laceraron las mejillas de Miguel Ángel Blanco cuando encontraron su cuerpo tiroteado. 

Militares de honor intachable como el general de Brigada de la Guardia Civil Juan Atarés Peña, asesinado por la espalda una víspera de Nochebuena de 1985, que se negaba a llevar escolta para que nadie más resultara herido si decidían ir a por él. Y cientos de ejemplos más. 

Los que murieron por no querer entregar una parte de su tierra a los fanáticos analfabetos de la pistolas y las teorías raciales, a los hijos de perra que engendró Sabino Arana y que hoy campan a sus anchas fuera de la cárcel y en los ayuntamientos.

Y aunque hoy creamos que todo ese horror y ese padecimiento no sirvieron para nada, que ETA logró una victoria política casi completa y con sus secuaces en las instituciones, gracias a aquellos valientes y a una sociedad civil que se enfrentó y enseñó la verdadera cara de los gudaris, cualquier persona decente en España sabe que Otegi y los suyos son escoria. No hay PSOE cómplice que pueda blanquear tanta sangre derramada. Porque en "los suyos" se incluyen, por supuesto, los tipos del Partido Socialista y la chusma podemita que los masajean y los abrazan. 

El periodismo admirable, la Guardia Civil y la Justicia no colonizada han ido cercando a la banda de Sánchez. Una banda de canallas sin escrúpulos que lo mismo pacta con el golpismo catalán que hace negocio con defectuoso material sanitario en pandemia. 

Ante nosotros se consuma el desmoronamiento de una organización criminal. Testigos privilegiados de una historia que marcará el devenir de nuestro país. La mayoría sociológica va a barrer este periodo y a sus perpetradores. Irán todos ellos directos al vertedero de la memoria, sólo serán recordados para vagamente maldecir sus fechorías, mientras tratamos de reconstruir una España mejor.

Como digo, muchos concienzudos profesionales han puesto empeño en denunciar y tratar de dar fin a este inmenso desatino. Con tantísimo en contra. Sé que ha planeado la sombra de la cancelación, la amenaza de la censura, que activistas contra la coalición que subían su contenido a redes vieron cerrado su canal, y que todos hemos perdido algo en el largo camino, además de sufrir los quebraderos de cabeza, la ingratitud del incrédulo, la locura rabiosa del ultrafeminismo, el desprecio del creyente en la fe del sanchismo; que se tildó de fango, bulos, ultraderecha... cualquier información verídica publicada que iba contra la línea de flotación de la banda. Sé de todas las piedras a lo largo del sendero. Y que fue y está siendo jodido.

Pero hombres y mujeres mejores que nosotros pelearon y vieron sus sueños de libertad rotos en los levantamientos de Hungría, en la Praga aplastada bajo los tanques del ejército soviético, iluminada la resistencia por las llamas de Jan Palach en su último sacrificio. 

Civiles sin nada de esperanza y agotados de luchar murieron de un tiro en la nuca en sórdidos sótanos de la Lubianka, puestos contra un paredón o liquidados en algún sucio callejón tras el telón de acero, o los oficiales polacos cebando las fosas comunes de Katyn por orden de Stalin.

Tipos más valientes se batieron el cobre unas navidades en las calles de Bucarest a tiro pelao para poder derribar al último gran monarca comunista de Europa y llevar al matrimonio Ceaușescu hacia su justo y necesario final, tan evocativo.

Disidentes de la narcodictadura venezolana son sacados de sus casas en mitad de la noche y llevados al centro de tortura del Helicoide, en esas terroríficas celdas que esperan un día la llegada de Zapatero y de Juan Carlos Monedero. Los que pelean y mueren en Venezuela y Cuba, y los que se han visto obligados a nutrir las filas de la diáspora caribeña han sido justamente reconocidos con el Nobel a María Corina Machado, cuyos rebuznos que provocó en la izquierda simplona facilitaron rápidamente poder colocarte al otro lado de ese estercolero ético que es hoy el progresismo internacional, concubinas de sátrapas y terroristas.
Nunca fue tan fácil saber de qué lado estar. Basta con no posicionarse en el lugar donde estén ellos, herederos de toda la fealdad que ensombrece el mundo.

A los supervivientes de las atrocidades nacionalistas y comunistas y a los que no lo lograron. Los que no pudieron ver el fin de las bombas en Vascongadas, el desmoronamiento de la Unión Soviética, ni verán caer a Maduro y a Raúl.
A ellos les debemos, con su memoria y su ejemplo siempre presentes, seguir inquebrantables en contra de las bestias mezquinas y cínicas, gañanes corruptos que hoy destrozan España. Pero sabiendo que ellos fueron ellos, y nosotros somos nosotros. 

La mesa en paz


Artículo publicado originalmente en La Gaceta.

Una reciente encuesta afirma que un 14% de los españoles ha roto en el último año con amigos o familiares por discusiones políticas, siendo los votantes de Podemos los que más se cargaron amistades, hasta un 34% de los votantes de ese partido, o lo que sea, aunque es verdad que tampoco les quedan muchos. 

Que es la gente más intolerante, dogmática y reaccionaria que uno se puede echar a la cara no creo que sea ninguna novedad a estas alturas del asunto. Los conocemos de sobra y los hemos visto y sufrido. 

En lo que concierne al que arriba firma, algunos amigos me "borraron de sus redes" cuando les dije, respecto al partido morado que les entusiasmaba: "no es esto, no es esto"; y además tuve la desfachatez de empezar a publicar en prensa mis opiniones sobre el tema, porque conocía bien a los pájaros. Cancelado por facha. 

Pero bueno, han pasado los años, el sanchismo lo ha podrido todo con una virulencia inaudita, y algunos se han caído ya del guindo y otros por ahí siguen, de rama en rama. No hay que darle más importancia. 
Igual que no merece la pena acordarse demasiado del vil Zapatero y la voracidad criminal imparable y depredadora en sus negocios de la muerte, porque es tiempo de paz. Tampoco de los que rebuscan en los osarios para acabar de golpe y porrazo con la presunción de inocencia de un presidente ya fallecido, como han hecho esas malas bestias de Belarra y Montero.

Son fechas para la celebración y también para la melancolía, para leer a Dickens, ver El apartamento, Tres Padrinos y Plácido y escuchar música que nos lleve por los meandros de la vida y los recuerdos, el presente y los ausentes. Cada uno tendrá sus fantasmas y sus memorias. Las sillas vacías. Los inviernos y las hogueras que ya no volverán. Sombras de un tiempo pretérito. La patria de la infancia que siempre es una patria perdida.

Dejándose llevar sin prejuicios, pueden estos días de asueto escuchar a Extremoduro o a Ilegales, como homenaje póstumo y porque la música como trinchera sólo es para sectarios, y los eclécticos sabemos que podemos disfrutar, según el momento y el estado de ánimo, de Robe Iniesta o de Carlos Gardel. Aunque apetezca más un villancico con la voz de Sinatra o Nat King Cole. O un clásico nuestro imprescindible como Raphael. La oferta es infinita.

Ahora lo moderno y lo progre (es decir, lo evitable) es desear "felices fiestas", como si fueran las fiestas de la patrona de tu pueblo. Riau-riau. Pues vale. Antes se usaba indistintamente porque no estábamos inundados de perniciosa ideología y de ubicua tontería. 

Olviden las discusiones a la mesa, sobre todo si se aliñan con caldos espirituosos. Decía el gran Scott Fitzgerald: "bebo porque cuando bebo, pasan cosas". Pero con familiares y con política por el medio, muchas de ellas pueden ser cosas malas; y si son familiares políticos la escena puede alcanzar altas cotas de dramatismo.

Esto de la "coalición de progreso" se desmorona y no hay nadie con dos dedos de frente (incluso con uno y medio) que lo pueda defender sin ponerse aunque sea un poquito colorado. Por eso, con el podemita o el progubernamental no se confronta, se le compadece. Como con un niño con paperas. Nada de peleas. No hay que lastimarle, sino sentir lástima. Bastante tienen con lo suyo. Igual que a un vegano no se le recuerda constantemente lo buenísimo que está el cordero. Se puede enfadar y arrearle a uno en todo el parietal con la paletilla del lechal.

Si quieren desahogarse, prueben a murmurar algo entre dientes, con los polvorones en la boca. Siempre manteniendo presente que los sentimientos entrañables alegran el alma de los hombres y relajan su soledad. Tengan cerca a los suyos, y usen la bondad como el mayor atributo que se puede brindar.
Feliz Navidad.

15 de diciembre de 2025

De aquellas plazas y esos prostíbulos



Artículo publicado originalmente en La Gaceta

Nunca pude sentir excesivo entusiasmo por las revoluciones de megáfono y tambor, de esas que te plantan un huerto ecológico en la Puerta del Sol, icónica plaza capitalina que el fascismo ha privado de arboleda.
Claro que a toro pasado el conjunto se analiza mejor, con la perspectiva que a uno le dan el tiempo y las razones.
Supongo que estos días es habitual, entre numerosas personas que desde el primer momento se opusieron al indecente gobierno de Sánchez y sus secuaces podemitas, sentir ese ligero cosquilleo de placer cuando se tiene la certeza de que "yo tenía razón". Al final la tenía. O siempre la tuve. Qué más da. Hay que disfrutar de esas íntimas satisfacciones acogedoras, sobre todo después de tiempo a la intemperie, aguantando chaparrones y adjetivos indecibles de los habituales tontos del culo, que ni el tiempo ni las razones les han hecho entrar en razón.

Volvamos a Sol. Kilómetro cero. Pues sí. Casi todo lo malo se empezó a cocer ahí. Tras unos días de un juvenil empuje de improvisación, la plaza se llenó de una pestilente reivindicación de la vagancia, la gorronería y la mendicidad. Y aquello también suponía una ingente cantidad de personas a pastorear, pues todo movimiento popular necesita sus guías con ánimo de lucro. 

Era donde los cachondos de Podemos organizaban sus saraos, con la turra asamblearia cuando repetían todo el rato "la gente" (ellos) y "la casta" (los demás), ante una audiencia más corta que la banqueta de ordeñar. Allí, entre pancartas y tiendas Quechua, trazaron todas las líneas a seguir y las gran ingeniería social que marcaría casi 15 años demenciales: el feminismo de cuota para dar salida remunerada a psicopatologías personales y el lenguaje inclusivo de zopencos y zopencas. El blanqueo de la piara criminal de ETA y su brazo político. La idea de que traer el chavismo a España era buena idea.

Obviamente, también sirvió como plataforma para dar publicidad a los vigores masculinos de la "política con cojones" (sic). El calentuco de las gafas, el alfa de la coleta y el perverso con pinta de comisario político de la NKVD, buscando groupies bajo los adoquines sin arena de playa. Iban a conquistar el cielo por asalto, aunque para tan alto y azaroso destino pensaban más en vuelos en primera clase y restaurantes de cinco tenedores que no pudieran permitirse las masas lumperizadas. 

Como ratas hedonistas corriendo detrás de un billete o de una falda, vividores del lujo y el placer; el más espabilado de todos se despidió del panadero y del barrio y se largó al chalet en las afueras buscando la tranquilidad de espíritu y el reposo físico que anhela todo cristiano.

De aquella época, como una cloaca cuando desborda, salieron los más extravagantes sujetos que padecimos en la política. Recordarán ustedes a Pisarello (ahí sigue), el tucumano que zarandeaba con saña una bandera española para que sus colores no mancillaran el balcón del ayuntamiento de Barcelona. O Inmaculada Colau, que convirtió la ciudad condal en un albañal infecto (donde la gran atracción turística es que te pueden apuñalar en nombre del progreso multicultural), y luego se fue de crucero por el Mediterráneo, aquella flotilla de tan divertidos recuerdos. 

Ahora la comparsa de Sánchez a su izquierda es Yolanda Díaz, ese prodigio de la oratoria; ella y los de la PSOE hacen disparatados mítines ante un fervoroso público de setenta años de media, completamente desarraigados de la realidad.

Yolanda Díaz es, como el hombre que la designó sucesora, una rendida admiradora de Hugo Chávez (“el más digno libertador”, decía sobre el sátrapa venezolano) y ahora le ha dado un toque como de peronismo arcoíris, que siempre es más siniestro, porque te vende ideologías criminales con una perpetua sonrisa entre bobadas monolíticas. La miseria y la involución de los derechos, pero con ternura y tinte en el pelo.

Se aferra al gobierno de coalición progresista (jaja) porque cuando el sanchismo se derrumbe no va a tener revolución rosa a la que aferrarse, y no la votan ni en su pueblo (esto no es una forma de hablar). Lo mismo ocurre con toda la quincalla antiespañola, desde Junts a Bildu. Saben que cuando la cúpula del PSOE en pleno esté empurada, perderán mucha fuerza a la hora de seguir influyendo en el devenir de la nación que odian.

Mi reconocimiento a los periodistas, jueces y miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad que están haciendo esto posible. Decían los viejos mafiosos de Nueva York que Los Soprano, sus vecinos de Nueva Jersey, sólo eran una banda con pretensiones. Lo que Sánchez montó con Koldo, Ábalos y otros fantásticos chicos sólo era una cuadrilla de malhechores venida a más. El yerno de un proxeneta y el portero de un prostíbulo deseando dejar atrás el olor a moqueta barata. Querían tocar poder para seguir robando a gran escala y lo tocaron. Pero nos hundieron a todos, mientras la parte más maleable de la sociedad y los esbirros mediáticos decían que estaba mal señalar a la banda, que se respetase un poco al Uno y a su entorno, para no seguir crispando.

Ésa era la famosa polarización. Unos saqueaban el país y otros se quejaban de que lo saqueaban. Empate.
Pedro Sánchez soñaba con perpetuarse en el poder. Vean ahora su cara desencajada mientras todos los peones van cayendo, mientras la UCO y la UDEF alcanzan sus penúltimos objetivos policiales, irrumpiendo en las sedes de la organización.
Observen la sonrisa heladora del pérfido Zapatero cuando le preguntan por su inminente orden de detención por ser esbirro del narcoterrorismo madurista. Hay sueños que se tornan en pesadilla. 

7 de diciembre de 2025

Cancelando a lo Laudrup

 


Artículo publicado originalmente en La Gaceta

Fue muy curiosa y paradigmática, reflejo de la España valleinclanesca que vivimos, una escena televisiva en Espejo Público, donde Soto Ivars estaba rodeado de varias mujeres, todas feministas militantes, que le increpaban por haber escrito un libro que ellas no habían leído y que, además, no tenían ninguna intención de leer.

Uno podría pensar, con mucha ingenuidad, que antes de ponerte a berrear contra un ensayo periodístico al menos se requeriría el mínimo de haber tenido la decencia de leerlo, pero actualmente la izquierda, la lectura y la decencia no son cosas que casen demasiado bien, o un poquito siquiera.

El sectarismo nubla las mentes, se deja llevar por sus prejuicios, y sus reacciones responden siempre a estímulos primarios. Piensan (es un decir) de forma emocional, creen en una idea a ciegas, y embisten con ella por bandera sin ser capaces de desarrollar una mínima capacidad de razonamiento. Capote bajo y con la testuz por delante.

El impulso de su vena totalitaria es cancelar todo lo que en su estrecho margen de miras no pase la prueba del antifascismo, del antimachismo y de un montón de neologismos que terminan en -fobia. Y es que no les hace falta leer aquello que quieren censurar (los censores del franquismo al menos leían y veían lo que iban a prohibir) lo hacen sin mirar, torciendo la cabeza, como daba los pases Laudrup.
Dejándose llevar por patologías e ideas preconcebidas, con una extraña aversión a todo lo que sea reflexionar, intercambiar ideas con educación, escuchar al que tienes delante en vez de querer silenciar, prohibir, vetar, imponer o purgar. No debaten, señalan. No atienden a razones, vomitan consignas.

Recuerdo de hace unos años, una entrevista a una radical de la ideología de género que pedía, muy enfadada, retirar la estatua de Woody Allen que el genial cineasta tiene en el centro de Oviedo. Mia Farrow había acusado en su momento, nunca salió nada adelante, pero la ira de las justas ya estaba desatada, porque nada más hace falta para montar un buen cadalso metafórico (o real, si las dejan) y ponerse el atuendo de talibanes para echar abajo estatuas y lo que se pille. A Allen lo llamó "abusador y depravado". 

A la pregunta inevitable, respondía que no había visto ninguna película de Woody Allen (y no tenía ninguna intención de remediarlo) pero que era un pederasta y ya. El caso estaba claro y cerrado para ella aunque nunca existiera caso. Lo mismo da que no haya sido condenado por tribunal alguno, y que fuera por aquel entonces, en los 90, investigado de forma exhaustiva en dos ocasiones y descartada la imputación al no encontrar ninguna prueba en ambas investigaciones, que duraron meses. 

Lo que diga un tribunal o lo que sea verdad o mentira le traía al pairo. Esas menudencias de derechos y garantías le suenan más bien a estructura fascista. Y, en realidad, le da igual si es inocente o culpable, porque es hombre y con eso basta, pues ya se nace con el pecado original, como si hombres y derechos fueran dos palabras juntas que constituyen una antinomia.

Arremetiendo con furia destructiva contra todo lo que no comprenden pero quieren cancelar, tirar abajo, destruir o que la masa juzgue y linche, son la verdadera putrefacción de cualquier nación que se pretenda ilustrada. La parte menos civilizada de una sociedad que anhele prosperar, y por lo tanto tiene que dejar de darle visibilidad a vulgares integristas que envilecen todo a su paso.

Esa altiva y orgullosa ignorancia es la que recorre de parte a parte el país como un escalofrío, causando la perplejidad y la indignación de los mesurados y los comedidos, que son una mayoría silenciosa frente a la minoría vocinglera, tan desagradable. Esa minoría que estuvo bramando memeces en una presentación del libro de Ivars en Sevilla, convirtiendo el vestíbulo de una biblioteca en una lonja de charos y mastuerzos.

Hay nervios y se nota. Lo que hay en juego es el devenir de una industria de género que sólo en España mueve cientos de millones al año, alimenta muchas bocas y coloca en puestos de chiringuitos a demasiados sinvergüenzas vividores y vividoras que quieren seguir aferrados al negocio y dentro de las instituciones en las que se encuentran incardinadas.

Estos sujetos animalescos, aunque asilvestrados y de escaso raciocinio, sí pueden oler que un cambio flota en el aire. Perciben en el ambiente que poco a poco van perdiendo la supremacía ideológica que durante años impusieron con coacciones, amenazas y una apisonadora mediática.
Y, como todos los animales, tienen que mirar por el sustento. Y presienten que se quedan sin comer.

La Paqui en Princesa


Artículo publicado originalmente en La Gaceta.

La suya fue una vocación tardía. Originaria de Los Corrales, humilde pueblecito de la provincia de Sevilla, hizo su viaje al norte para emplearse en la cosecha del espárrago en la Comunidad Foral de Navarra, donde conoció a Santos Cerdán, alma gemela. 

Todo historia de amor tiene sus altibajos, pero Santos se había iniciado en las actividades mafiosas a nivel regional, que luego intensificó para conseguir y mantener el poder del PSOE, colocando a Bildu en Pamplona o aprobando la amnistía de Puigdemont; aunque su verdadero interés radicaba en aumentar sus beneficios mediante licitaciones con empresas.

'La Paqui', con esperanzas de altos vuelos y el signo del euro en la mirada, vivió su punto de inflexión al mudarse a Madrid hace 10 años. Para cualquier personas con aspiraciones, Madrid es el lugar donde se desarrollan o se estrellan los sueños de los españoles periféricos, un pozo de ambición que enriquece, engulle o vomita a siete millones de almas. Todo pasa por la capital.

Pero las cosas empezaron a ir relativamente bien (antes de ir francamente mal) y como todo defensor de lo público, lo primero que hizo fue inscribir a su hija en una universidad privada.
En la organización criminal PSOE su marido tenía un puesto destacado, era uno de los capos, mano derecha del número 1 y con acceso a reuniones con empresarios, así que el matrimonio pudo mudarse del pisito de 40 metros a un ático de 160, tres habitaciones amplias y dos baños, con terraza en la céntrica calle Hilarión Eslava, pagado por Servinabar. Y allí se rindieron a la vida a todo tren del gañán sociata, del tratante de ganado venido a más.

'La Paqui' se comportaba un poco a la manera de las acompañantes medio putas medio amantes de los hampones de un universo que parece salido del cine de Scorsese, como apuntaba por estos lares Hughes. En Uno de los nuestros, Jimmy Conway, el personaje que interpreta Roberto De Niro, llama la atención a los compañeros de banda por la excesiva ostentación después de un lucrativo golpe, reiterando en que había explicitado discreción, perfil bajo, nada de abrigos de pieles ni coches de alta gama por un tiempo. 

'La Paqui' fundía con espontánea desfachatez la pasta de la trama entre muebles en El Corte Inglés y restaurantes de lujo, donde se llegó a gastar, de una sentada, 7.470 euros, que son muchos solomillos, por muy pantagruélico festín que te pegues con dinero negro. Pero nada comparable al 1.801.914 que se llevó Santos por un día de trabajo, en el pelotazo en el puente del Centenario.

Algunos de la banda de Sánchez alzaron la voz, como hacía De Niro, sobre la falta de mesura de 'la Paqui', a la que ya conocían todos los empleados de El Corte Inglés, que es el elixir de la clase media con pretensiones. Como es gente bastante profesional, los trabajadores le atendían sin sospechar en su derroche motivos secretos y condenables.
Ella disfrutaba de la buena posición crematística gracias a la hegemonía sin sentido del sanchismo, en una España de gánsteres y periodistas rastreros convenciendo a la población de que la única alternativa al socialismo trincón era la ultraderecha con sus bulos y su fango. Sánchez o el fascismo. 

Y pa'lante. 'La Paqui' se dedicó a la vida del bon vivant hortera, pero mantenía aún dentro lo rural, y cuando se hicieron ver los primeros medios de comunicación por el ático, sacó lo peor de ella, como cuando se puso como una energúmena con la periodista Irene Tabera. Gruesas palabras dijo, impropias de la mujer que acompaña al número tres del partido del Gobierno:  "Estoy hasta los cojones de este puto país", vociferaba nuestra chabacana de Chamberí. Lo que, me tendrán que disculpar, no son formas de referirse al lugar que te lo dio todo (o se lo robaste, bueno) y te permitió temporalmente una vida de áticos, planta noble en centro comercial de abolengo y restaurantes con cuentas de más de tres cifras.

Con el marido saliendo de la cárcel, Ábalos y Koldo entrando y Begoña y el puto amo calentando la banda del Supremo, llegan a su fin los sueños de ambición de una muchacha de un pequeño pueblo sevillano, que sólo quería poder sacar y fundir la tarjeta de crédito y ser reconocida y admirada en El Corte Inglés de Princesa. Allá donde se cruzan los caminos. 

Activistas contra Newton


Artículo publicado originalmente en La Gaceta

Me asalta un titular de Público, uno de esos panfletos para gente intelectualmente vulnerable, que dice tal que así: "Colectivos antirracistas acusan al Gobierno vasco de ceder al discurso de la ultraderecha al informar sobre la procedencia de los detenidos por la Ertzaintza".

Lo primero que hago es verificar que no sea una cuenta parodia, de esas que tanto abundan y que, en clara intención de ridiculizar a nuestro gobernante bloque de progreso y a sus terminales mediáticas, a veces se vuelven indistinguibles de las oficiales, generando confusión y ruido.

Tras la pertinente comprobación, me veo fascinado una vez más por el espectáculo de una ideología reducida a la categoría de mera caricatura. Algo sorprendente pasa con los proclamados antirracistas. Si los datos no son los que ellos desearían, quieren imponer que se oculten. Enterrados en el silencio oficial para no estropear el relato del que chupan.

Oponerse tozudamente al conocimiento documentado no va a servir para que algo mejore o se dejen de cometer delitos, al igual que puedes estar en contra de la ley de la gravedad, pero la manzana va a seguir cayendo.

Exigen contar algo sin decir toda la verdad. Si la realidad no nos conviene, impugnamos la realidad. Porque, ya lo habrán adivinado, la información, desoladora y fríamente expuesta como titulares, datos y estadísticas, es racista.

Hay una emblemática escena en La vida de Brian en la que un personaje, un hombre con autodeterminación de género que exige ser llamado Loretta, quiere además dar a luz, y ante la incredulidad de sus correligionarios, que le explican que la ausencia de matriz al ser varón biológico le impide gestar al niño (salvo que lo haga en un baúl) la mujer del grupo trata de romper una lanza a su favor, y razona que aunque no pueda dar a luz, puede aceptarse su causa como un símbolo de la lucha contra la opresión, a lo que el más sensato de todos apostilla: "es un símbolo de su lucha contra la realidad".

Lo que piden estos mendrugos es que las informaciones se sigan dando pero sesgadas. Informar pero poquito. Con circunloquios y acrobacias verbales. Ya sabe. Un joven. Alguien hizo algo en alguna parte. Una persona venida de un sitio de cuya procedencia no podemos especificar. Con el consiguiente silencio, por supuesto, de los políticos y fauna adyacente cuyo sueldo y puesto dependen de venderle a la gente el esplendor en la hierba, y sigan caminando que aquí no hay nada que ver. 

Si la Ertzaintza se empeña en dar la información completa, estos colectivos invitan a la sociedad a actuar simplemente como si la información no existiera. U oponerse con firmeza y tesón a ella, aunque volvemos a Newton y la manzana. 

Una forma muy común de luchar contra el fascismo es aplicar de forma contundente la censura. Si usted, señor agente, sigue empecinado en dar todos los datos, no nos quedará otro remedio que invitarle a que cambie de actitud. Y tendrá que dejar de decir esas cosas, por las buenas o por las malas. No querrá que le señalemos como ultraderecha. Que aparezcan pintadas en la puerta de su casa. O que le pase algo a usted o a su familia.

Estos sórdidos activistas prefieren meter la sesera bajo tierra y que la gente siga viviendo en un mundo ignoto, sin proporcionar las herramientas suficientes para que puedan sumar dos y dos. Como si eso bastara para mantener al personal agilipollado, sin ser conscientes de la verdad de lo que les rodea y atañe. 

Son tan obtusos y fanáticos que en un radiante día de verano, a las cinco de la tarde y con un sol cegador, ellos pueden mirar al cielo, arrugar la nariz, y decirte que es de noche. Si tú observas la luz estival reflejada en el agua, y tratas de aseverar, incrédulo, que sigue siendo de día, serás de forma inmediata catalogado como facineroso.

Ejercen con maestría desvergonzada el vivir al margen de la realidad sin que ello suponga ningún obstáculo. La connivencia con el delito es su estado natural, y aunque tú puedas aludir que ante cualquier hecho noticioso, es obligación del comunicador informar si el implicado es de Bedelia o de Argelia, ellos nunca dirán que eso es estigmatizar a los orensanos, así que habrá que preguntarse quién es el racista.

Los colectivos acusan al gobierno vasco, lo que es irónico, ya que el PNV es de orígenes profundamente xenófobos, pero porque son herederos intelectuales (es un decir) de Sabino Arana, aquel pirado prenazi.
El País Vasco tiene un problema grave, con localidades en situación crítica en cuanto a inseguridad, y es algo que trasciende a otras zonas de España.
Querer que la autoridad se autocensure sólo retrasará más una situación insostenible, que tarde o temprano terminará desbordando todo desesperado intento de tapar el sol con un dedo. Y algo me dice que, cuando violan a tu hija o atracan a tu hermano, de poco sirve ese burdo chantaje de llamar a todo el mundo facha.